A marca de Deux

#Suspenso #Terror #Cuento 



 Bajo la promesa de ochocientos lempiras la hora, accedo a guiarles por las aguas del Patuca. Quinientos kilómetros no deben ser tomados a la ligera, menos si son doctores jóvenes con ganas de llegar a todos los confines del mundo. Es de admirarse, la clase de convicción y devoción que algunos de estos jóvenes poseen, traspasan las barreras del idealismo para convertirlas en otra cosa, y con ellas renovarte la fe en la humanidad. Fe es algo que a donde quieren ir no les hará falta. Algunas armas, mucha suerte y que hagan lo que les diga podrían traerlos de vuelta con grandes historias de sus hazañas que seguro relataran a sus amigos y familiares.  Nunca he tenido problemas con ese tipo de personas. Realmente no me importan.

El motor de la lancha rompe un poco el silencio del rio mientras atravesamos por él, algunos cayucos de regreso, pocas guardias. Lucen decepcionados durante las horas que nos dedicamos a avanzar, pensaron que entrarían a aun zoológico y en nuestro paso verían a todos los animales en el río, indígenas saludando, una visión totalmente hollywoodense. Este grupo no dice nada, pero lo he visto antes. La primera parada la hacemos en unas chozas a dos horas del inicio, pocos habitantes y nada relevante que atender. De nuevo a la embarcación y al siguiente grupo de chozas a repetir la misma historia. Mala alimentación y poca higiene dificultan cualquier enfermedad, las dos mujeres del grupo se sorprenden al encontrar a madres jóvenes entre doce y catorce años, horrorizadas e indignidades vociferan en inglés entre ellas. Creen que es un abuso. Me limito a fingir que no les entiendo.

Cerca de la frontera de Olancho les hablan de un lugar que nunca antes había escuchado mencionar, donde todos están muy enfermos. Río arriba en el Wampu, desconocido para mí y lleno de historias y mitos. Entonces lo notan. Ochocientos lempiras por cada hora, aún con la conversión a dólares es una suma bastante fuerte y las horas siguen transcurriendo. Tendrán que renegociar, pero no tendrán un reembolso. Las seis horas que pagaron se terminan, por cada día me ofrecen cuatrocientos, prometen cinco días si acepto. Pasamos la noche en la barca, sufren por los mosquitos mientras yo descanso en mi hamaca.
Están entusiasmados, antes de que despierte me llaman para zarpar, cinco de la mañana, ni siquiera el café me dejan beber.  Veinte minutos después arranca el perezoso motor y nos movemos. Cruzamos la frontera y oficialmente entramos al departamento de “gracias a Dios” le preguntan a su traductor el significado “Good, thank you” dice, muerdo mi labio inferior para no reír.

El Wampu nos recibe, sabía que existía, pero nunca le puse atención. Algunas ocasiones pase por este lugar con un mal presentimiento y sin curiosidad por explorar un poco más. Desventaja de no ser jugador local. Tomo algunos minutos para inspeccionar el río, si es demasiado bajo nos quedaremos atascados y hará falta un par de miles para hacer venir una embarcación que nos ayude. Lo saben, me encargué de que lo supieran y corrieran con los gastos en caso de ser necesario. Un poco de lluvia nos brinda una tregua al calor. Un poco más allá se asoma Wangkibila.
Repiten su rutina de doctores, esta vez pasados dos días y medio, ellos atendiendo yo esperando y viendo al río crecer y disminuir. Aprovecho para hablar con los pescadores del lugar al que nos dirigimos, ni con ayuda del traductor logro entender el dialecto pero las mismas palabras se repiten “a marca de deux , no vaian” suena a portugués pero estamos demasiado lejos para eso. Lo descarto y catalogo como supersticiones. Ningún mapa confiable que seguir, muchas instrucciones confusas, todas concuerdan en lo mismo, no vayan a pie.

Me pregunto dónde estás, te busqué en casa de tus padres y con tu hermana, voy por toda la cuadra preguntando por ti, nadie te ha visto. Después de comer en la calle porque nunca me ha gustado comer solo, regreso a casa para encontrar a los oficiales con malas noticias, un auto, un maldito auto.

Despierto sudando en un lugar muy lejos de casa, toma algunos minutos reconocer mi camarote y el sonido de las gotas al chocar contra la lona. Limpio mi sudor, bebo un poco y paso el mal trago de la pesadilla. A veces parece que no importa cuánto me aleje, los fantasmas me siguen y alcanzan. Molesto trato de volver a dormir.

Al amanecer seguimos el río, el traductor prefiere quedarse en Wangkabila, alega tiempo y falta de dinero, sé que sus servicios son más costosos que los míos. De una barca que los lleve pueden prescindir, pero de un traductor no. Algo lo debe haber espantado, no encuentro otra explicación.
Los doctores eligen continuar el trayecto con la fe de la ciencia y las ganas de ayudar. Descabellado.

Una de las doctoras, se acerca a mí, sabe que entiendo el inglés y pregunta si puedo ser el intérprete que necesitan. Sonríe, se muestra coqueta, como si eso me fuera a convencer. El calor y sus curvas pronunciadas terminan por darle la razón. La simple posibilidad de sentir el roce de su tacto parece bastar para continuar. Más lluvia nos acompaña este día, el cielo se torna gris y la corriente fuerte, tenemos que hacer paradas no programadas mientras evito que seamos arrastrados por la corriente. Doy por perdida la jornada, lanzo amarras a los árboles más gruesos que puedo encontrar. Por la noche Emma prefiere dormir en la comodidad de mi camarote lejos de los mosquitos y la llovizna. Hace que valga la pena compartir la hamaca. Se mece desnuda a la luz del farol.  Canta alguna canción que no logro identificar “And so I face the final curtain, my friend, I'll say it clear, I'll state my case, of which I'm certain…” repite entusiasmada, pero arrítmica. Una pegajosa eternidad después, toma su ropa y hace una pequeña almohada con ella, dormita de espaldas a mí. Al amanecer ella regresa a su lugar con una sonrisa traviesa.
 Un cielo azul nos da los buenos días, las aguas mansas dicen que podemos avanzar sin contratiempos. Comparto mi café con el grupo y agradecen el gesto invitando unas galletas con sabor pastoso, perfectas con el amargo de la bebida.
Justo como indicaron, la única desviación de bajada sobre el costado derecho y dos horas después deben estar las chozas de la gente enferma. La selva se cierra y oscurece el ambiente, el olor a agua fétida y la cantidad de mosquitos son impresionantes, anacondas y lo que a mi parecer son pirañas nadan junto a nosotros.

Hemos llegado.

Los ladridos de un perro nos reciben, un muelle improvisado con llantas de tractor termina de pintar la escena. Triste y desolado. Bajo y grito “¡Buen día!” nadie responde y el perro enmudece. Libero el seguro de la funda del revólver, sólo por si las dudas.  Extraños que no son bienvenidos y gente que no duda en disparar, salvo que ahora yo estoy en medio.

- Váyanse.

Dice una voz proveniente de las sombras, lentamente se dibuja en el marco de la puerta la figura de un anciano que se ayuda de una rama para caminar.

-Son doctores, vienen a ayudar.

Detiene su andar unos minutos para colapsarse y caer de espaldas. Los doctores corren para atender al anciano. Tomo una de sus linternas para revisar el resto de las chozas, hombres, mujeres y niños recostados en las esquinas, frías y oscuras. Tenían razón, son personas muy enfermas, espero que los doctores puedan con lo que esté pasando.

Lo que pensé era algo curioso en la frente del anciano se repite en el resto de los pobladores “UX” escrito en diferente tamaño y lugar de la cara, cortado o rasguñado, está en todos.

Procuro no fumar, me trae tan malos recuerdos, pero es preferible el humo al olor a podrido.
Los doctores siguen haciendo lo suyo, no hay mucho que traducir, los enfermos no son particularmente parlanchines, miran a los rincones y piden agua para beber. No dicen más.
Tratan algunos síntomas, como la fiebre y los rasguños a los que calificaron como rituales paganos. Lo que no han observado es que no hay cruces o altares que indiquen alguna creencia religiosa. Debo permanecer observando constantemente el reloj, la luz del sol no entra y es difícil saber el momento exacto del anochecer sin una herramienta precisa. Doy algunas vueltas alrededor de las chozas buscando un poco de leña seca que sirva para un fuego, una comida y un poco de calor nos vendría bien a todos. Apilo una cantidad increíble de ramas y pequeños troncos, a tiempo preciso de mi último viaje de leña se escapa la luz, con ella se va el sonido de los pocos animales.

Los delgados abajo y los más gruesos arriba para asegurar un buen fuego y cuando todo está en su lugar, el cerillo hace el resto, la pequeña llama se convierte en un halo de luz que pronto se esparce en el resto de la leña. Dos minutos después arde la pila e ilumina todo. Siempre pensé que debí dedicarme a ser un piromaniaco feliz o un soldado feliz o a cualquier cosa que me regalara un poco de felicidad. Luego crecí y entendí que no importa a que te dediques, la felicidad es un oficio que puedes o no ejercer.  No crezcan; es una trampa.

Emma sale de algún lugar y se detiene junto a mí.

- Thanks it’s beatiful what you did…

Sujeta mi mano entre las suyas y deja un pequeño beso en su lugar. Vuelve a lo suyo. Es una noche larga, nadie duerme. Debo suponer que me quedé dormido en algún punto de la noche porque jamás vi al niño salir o estar parado junto a mí, tampoco lo vi lanzarse al fuego.  El golpe y el llanto termino por sacarme de mi letargo. Trato de alcanzarlo, pero es en vano, las brasas consumen y derriten todo, es el calor de una forja lista para el metal más duro. Para cuando mis manos logran sujetarlo ya es muy tarde. El llanto continúa por unos minutos, nunca fue de él, era mío.

Observan mudos y nadie atina a moverse. Finalmente, con la claridad del amanecer me muevo al barco por una pala. Cavo con el ardor en las manos, ojos rojos y el alma revuelta de recuerdos.


 II


Corría el octavo día sumergidos en el hedor y la semiobscuridad de las chozas cuando los pingüinos hicieron acto de presencia.  Salieron de la nada, entraron en las viejas chozas como si fueran los dueños. Priests and the doctors se enfrascan en una discusión intensa. Por parte de los sacerdotes sólo uno habla el resto se mueve entre las chozas, entran y salen moviendo personas, arrastrando bultos y acercándolos a la hoguera, el pingüino más imponente se dirige a mi persona “Go away” (Escupe al hablar) mientras deposita en el suelo al viejo del primer día o lo que queda de él.  Los doctores se reúnen en el mismo lugar para responder, sus argumentos parecen no ser suficientes, hablan rápido y es difícil entender algunas palabras. Repiten constantemente pest, demons, disease, anger.  Encuentro a Emma con la vista, aterrada y con lo que parecen dudas, no interviene en la discusión.

El silencio llega.
Are you the translator?
-Si.
-Llévalos de regreso y no hagas ninguna parada hasta que estén en Wangkabila. No me mires así, haz lo que te mando.
-Lo haría, pero tengo un grave problema con los pingüinos… Me causan alergia y no puedo escuchar lo que dicen.
-Te pago el doble de lo que te hayan prometido en efectivo en cuanto los dejes.
-No es por dinero, es un asunto de fe.
- ¿Fe? Retozar con una doctora no te convierte en un santo, ni te acerca a Dios.
- ¿Usar un disfraz lo hace?
- ¡Hereje!

Pingüino gorila da unos largos pasos y estira sus brazos para intentar rodearme del cuello, es fácil retroceder para esquivarlo y usar su propio impulso en su contra. Lo siguiente que sabe es que su cara prueba la tierra fría del suelo. Su brazo alcanza un punto que lo obliga a mantenerse quieto o sufrir las graves consecuencias de su desmedida confianza.

-Tengo fe en los doctores… Su seguridad es mi prioridad. Haré lo que ellos manden.

Da una larga exhalación, baja los hombres y murmura algo que no logro escuchar.

-Está bien. Solo recuerda que tuviste la oportunidad de salvarles.
-Bien.

Suelto el brazo y me levanto para sacudirme las manos. Hago una pregunta muda, la respuesta es una duda.  Ambos bandos se reagrupan, la hoguera al medio crea el tercer bando. Ciencia, religión y al parecer el mío será la fuerza bruta.  Carta que puedo jugar con los ojos cerrados.

Las pecas sobre los pómulos de Emma me hacen despertar, sus ojos claros escondidos detrás de unas gafas observan y toman nota.

- You were screaming... everything okey?
- Just a dream, a fucking dream.
- All right.

En algún momento anocheció por completo, el agobiante calor de la noche nos azota con una horda de mosquitos sibilantes, hambrientos.

- Good night.
- Wait.

Camina junto a mí, nos encerramos en el camarote, matamos un poco el tedio a punta de caricias y nos encargamos de despertar a todos con los gemidos. Ese fue el problema con el sacerdocio, pedían castidad y a mí me encantan las mujeres, su placer y lo mucho que te pueden acercar a lo divino. Cosa que ni la oración, ni los ayunos lograron. Dios existe detrás de cada orgasmo, y Dios se queda con nosotros cuando el orgasmo lleva más que lujuria; es una extensión del amor. Como un hereje me catalogaron antes de pedirme que me retirara del sacerdocio.

Aún para los peores miserables el despertar acompañado rompe lo cotidiano y fracasado de cualquier vida. El mundo es nuevo, lleno de posibilidades, colores, sabores y quizá un atisbo de felicidad o como me gusta decir “el momento antes de que te equivoques y todo se vaya al carajo”

- Hey…hum, we’re you from?
- Why?
- You are not from here.
- México…
- Hum, tequila, plase take me someday.
- Definitely.

Los pingüinos evitan mirarnos, lucen ofendidos, mientras los doctores encuentran chistoso el momento y bromean, la barrera que nos separaba se disipo, el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Si hubiera querido hacerlo a propósito no lo hubiera logrado. Casi se puede olvidar el motivo por el permanecemos aquí. Dura poco el gusto y las sonrisas, vuelven todos al trabajo, plegarias y paños fríos circulan.  Unas horas después Emma pide que excave de nuevo, una más pequeña.

- ¡Hey, traductor! ¿les estás dando cristiana sepultura a estas almas?
- ¿Ves por algún lugar cruces o imágenes religiosas? Si creían en algo no sé en qué habrá sido.
- No importa es nuestro deber cristiano y debemos cumplirlo, Dios no te ha olvidado…
- ¡Púdrete animal!
- Insultos, el recurso del idiota.

Me mira de arriba abajo y vuelve a lo suyo sintiéndose triunfal. Furioso lanzo la pala al suelo y regreso a mi bote, ¿Qué carajos sigo haciendo aquí? Lo que sea que tengan estas personas no puedo ayudarles, no soy doctor y los que lo son tampoco tienen idea de que hacer. ¡Malditos todos! Compruebo las amarras por quinta ocasión en lo que va del día, de unas horas para acá el caudal del río ha ido disminuyendo, a este paso al anochecer será lodo y no podremos irnos. Temo un aluvión, debo hablar con los doctores. Corro de vuelta a las chozas.

- Emma ¡we must go! The river is dry.
- Wow, wow, wait ¿what are you talking about?
- The river is dry. Come with me.

Corre y lo mira con sus propios ojos. No dice palabra alguna solo regresa con su grupo, pero ninguno sale. Bajo otras circunstancias la hubiera seguido para escuchar, mi apuración es otra, la de alcanzar la suficiente corriente para irnos.  Demasiado tarde, estamos al nivel del lodo. Gritos y sonidos de una pela provienen de las chozas, pienso en los sacerdotes y anhelo descargar un poco de furia en la cara de alguno de ellos, ante de cruzar el umbral los encuentro observando desde lejos el espectáculo, dos hombres, el que me contrato y un pequeño, se enlazan en el suelo, hablan tan rápido que no puedo entender, trato de separarlos, lo impiden poniendo un brazo para que no intervenga. El pequeño lanza sus puños con la agilidad de un boxeador experimentado, su rival recibe los golpes y cae de espaldas como una tabla, pierde el conocimiento, un gran knockout.

El grupo se divide, viejo líder y nuevo. Ninguno habla conmigo, parecen tener asuntos más importantes que atender, es tarde para intentar irnos.

- No entendiste nada de lo que paso, ¿verdad? Seguro te cuesta trabajo entender… Mi nombre es Ethan y como ya lo habrás notado soy un sacerdote.

Un silencio se interpone entre nosotros, espera que diga algo, en su lugar guardo mis ganas de insultarlo, puede saber algo que me sirva.

- Hablaban demasiado rápido, aún en la distancia pude escucharles, ellos sabían que esto pasaría. No te han contado todo, el viejo que enterraste hace unos días era el sacerdote de este lugar, más allá se estaba construyendo una iglesia. Tardamos en llegar, por las cartas que recibí, algo malo estaba ocurriendo, “a marca de deux” apareció, tenía que detenerla. No encontró el origen. Suele ser un infante el portador, inicia con fiebre y se esparce como tal, algo que la medicina no puede controlar o entender, se debe acabar con el origen.

- ¿Eso es lo que significa la “UX” en las caras de las personas?
- Creemos que sí, han pasado trescientos años desde la última vez que apareció.
- ¿Aquí?
- No, fue una colonia británica en áfrica, el capellán del regimiento lo reporto, solo él y un soldado sobrevivieron, el relato dice que el ultimo en morir fue un pequeño y al quedarse sin alimentos, el soldado decidió sacrificar al niño, pero esto les salvó la vida.
- No entiendo…

Antes de que pueda plantear mi preguntar me interrumpe para continuar con su relato.

- Habían quedado atrapados en una zona alejada, navegaban cuando tuvieron que detenerse por agua cuando encontraron la marca, temiendo que estuviera contaminada decidieron investigar, eso los llevo a la muerte. Durante el tiempo que estuvieron, varias cosas se presentaron, el olor a podrido, el río se convirtió en un lodo espeso, oscuridad y la muerte de todos aquellos que entraron en contacto. La marca solo aparece cuando alguien está a punto de morir, al irse, esta desaparece.  Ahora sabes más. Seguro catalogaron lo que decía el viejo como un desvarió.

- ¿Vas a ayudarnos?
- No lo sé…
- ¿Quieres hablarlo con la mujer antes?

Muy tarde ha notado el tono burlón en que lo dijo.

-En realidad no confió en ustedes, si lo que dices es cierto todos vamos a morir por estar en contacto y lo mejor que podemos hacer es tratarlo como una pandemia y en eso los doctores tienen más experiencia. Además, parece que hay algo que escondes y la pelirroja se llama Emma.

- Como sea, debo saber de qué lado estas.


 -Claro, yo te aviso…

Exceso de información, tantas cosas que asimilar y muy poco tiempo para hacerlo, en realidad es una sentencia de muerte por donde se mire. Aceptarlo o ceder al miedo. Procuro alejarme del lugar, regreso sobre mis pasos a la embarcación, a medio camino el alboroto me hace voltear, Ethan se está ahogando con un fuerte ataque de tos, los sacerdotes no saben qué hacer. Tiene la marca en la mejilla izquierda, sus días están contados.



 III

Poco a poco han ido enfermando los doctores, aquellos que más contacto tuvieron con los enfermos han sido los primeros en ocupar esa cama. Pronto comienza a guarda el medicamento para ellos mismos, saben que será cuestión de tiempo para que pasemos por eso. Los sacerdotes se dedican a cavar y enterrar a los muertos, ya ni siquiera se molestan en identificar las tumbas. Las sentencias de muerte suelen desanimar.

El primero de los doctores en morir es el que me contrató, la “Ux” en su frente de color rojo nos recuerda que somos los siguientes. Nadie se atreve a tocarlo, como al resto lo envuelvo en una manta y lo arrastro fuera de la choza, debería estar quemando en lugar de enterrando, supongo que así se debería lidiar con el contagio.

La comida y el agua comienzan a escasear, racionamos los litros que nos quedan y yo accedo a entregar las galletas que tenía bajo la cama.  Asimilar que se están enfrentando a una infección bíblica les causa conflicto, explican que sus medicinas aún de amplio espectro no pueden hacer mucho. Necesitan un laboratorio, quieren sacar esto. Ideas descabelladas y estúpidas, el mundo acabaría si pasara.

Tampoco podemos tomar agua del río, el caudal sigue bajo y solo lodo que comienza a secarse nos queda. El recorrido a pie nos tomaría siete días, con el agua que aún nos queda nos alcanza para el viaje de todos por dos, tres días máximo, sin considerar el calor y el esfuerzo, estamos atrapados.  Mandar a buscar ayuda tampoco es una opción.

Quince días esperando a menos que ocurra un milagro y el rio vuelva a crecer entonces, estaríamos de regreso en algún pueblo con agua y comida en unas horas, entonces el contagio se esparciría.
Morir aquí para que otros vivan no suena tan mal después de todo.
Ninguna nube de lluvia que nos aliente o señal de algo mágico, realmente parece que estamos en un rincón de la creación, olvidados de la mano de Dios.
Camino rio arriba intentando divisar un bloqueo en el rio, algo que explique lo sucedido con el agua, dos horas después el paisaje se torna amarillo, seco y quebradizo, la sequía ha tenido más tiempo aquí.  Cada paso levanta polvo, este se impregna a la ropa e inunda los pulmones, debo hacer una parada para reevaluar la situación. La solución no está delante. Doy un último vistazo al valle seco, polvoroso y amarillo, siento la poca fe que aun tenia escaparse con esa visión.

- Hello mister, it come from the huts?

El niño… “UX” escrito en su frente, como un tatuaje de color rojo, no puedo creerlo.

- I want to go back, help me come back plaese.

Un niño perdido, llora y toda su cara se pone roja. Estiro la mano para cerciorarme de que no es un espejismo.

- Plaese, plase, please!
- Come whit me.

Me toma de la mano y comenzamos a andar. Siento sus pequeños dedos entre mi gran mano. Caminamos a su muerte.

- ¿Por qué van a matarme?
- ¡¿Qué?!
- ¿Por qué los pingüinos van a querer matarme en cuanto lleguemos a las chozas? No le hice daño a nadie, solo me perdí.
- No te van a hacer nada malo esos hombres.
- Mientes, quiere saber cómo lo sé. Lo estoy escuchando… No sabía que podía hablar español hasta que lo escuche. Es malo y mentiroso.

 No es posible, puede leer mis pensamientos. Suelta mi mano y corre lejos.

- Usted también quiere hacerme daño, ¡yo no mate a nadie, ni conozco a esas personas!

Mueve sus pequeños pies con agilidad, cojo de mi cinturón el revolver que llevo conmigo. Si lo hago rápido podría acertar y terminar con todo.

- ¡No me dispare, su esposa y su hijo no lo perdonarían nunca!

El poco valor que tenía para hacerlo se fue con su pequeña voz y el recuerdo, un balde de agua fría, la oportunidad de salir vivos se escapa con él.

¿Cómo matar algo que sabe lo que piensas hacer? Dejar de pensar suena fácil, pero lograrlo es una cuestión que dudo mucho pueda lograrse. Veo su figura perderse entre los árboles, no puedo perderlo, no debo perderlo. Inicio la persecución.

Grandes zancadas acortan la distancia en un tris, a unos veinte metros me detengo, apunto el revólver a sus pies, jalo del gatillo y segundos después el niño cambia la dirección de su carrera, ha salido de mi vista. La bala ni siquiera estuvo cerca. Me convenzo de que sabía a donde dispararía.
Nada puede acallar los pensamientos y pensar en dispararle a un niño para sobrevivir requiere concentrarse, tener los pies bien clavados en la tierra y no permitir que ninguna duda se interponga. Es por un bien mayor me repito una y otra vez.

Vuelvo a verlo a lo lejos, pero esta vez entre los árboles, quizás cuarenta o cincuenta metros, apunto a la cabeza… es por un bien mayor, es por un bien mayor. Jalo el gatillo y la bala se incrusta en un árbol detrás, esta vez falló la puntería. Se gira atemorizado, pego el pecho a la tierra y bajo la cabeza como me enseñaron en el ejército, no puede verme, pero yo a él sí.

- ¡Sé que está ahí!

Debo estar a la distancia adecuada por qué no dice más, mira en todas las direcciones, detiene la vista un poco en mi dirección, pero continua. En cuanto dé la espalda tendré la oportunidad para acabar con esto y esta vez volver a casa, no la barcaza vieja que me aleja de lo conocido, sino a ese departamento en la ciudad, cerca de la familia que aún me queda viva. Para eso hay que volver con la mayor cantidad de doctores y sacerdotes posible. Si esta fue una prueba de fe, vaya sentido del humor tan retorcido usa dios cruel.

Sus ojos claros y el recordatorio “UX” prevalecerán en mi mente. Es por un bien mayor.
El sonido del disparo despierta a las aves, vuelan por todo el cielo oscureciéndolo, pronto la vida de la selva suena, como si hubieran quitado la pausa. Gruñidos, silbidos y el viento creando una sinfonía de criaturas, hasta donde sé dormidas o lo suficientemente temerosas para hacer ruido.

Demoro una eternidad en levantarme del suelo, el sonido del agua corriendo termina de sacudirme el trance, mas allá un cuerpo pequeño yace en el suelo, en lo que parece un charco negruzco.  Con las manos desnudas remuevo raíces, lodo, piedras, ningún animal devorara sus restos, se lo debo. Ensangrentado y sin uñas por el piso seco logro cavar medio metro en la tierra.
Bajar su pequeño cuerpo es una cosa, pero tener que cerrarle los ojos grises es otra que me aterra. Sin la posibilidad de poder hacerle una cruz para que indique su tumba, la formo con piedras.
Emprendo el camino de regreso, la boca reseca me sabe a una pasta metálica. Doy el último trago al agua, nadie a la vista en las chozas, por un segundo creo que tarde demasiado y que todos han muerto.

- ¡Hey, he vuelto, todo ha terminado, podemos volver a casa!

Grito con todas mis fuerzas. Nadie aparece, las mismas tumbas, el equipo de los doctores sigue en su lugar y un Ethan permanece recostado con sudor en la frente. Mi presencia lo hace despertar.

- Se han ido…
- ¿Qué… cómo?
- Cuando el niño murió te paso la marca, no puedes volver a estar en contacto con ningún otro ser humano o volverá a suceder, esta era mi carga, mi deber, pero me enferme. Mi tiempo aquí esta contado, sigo aquí para que lo entiendas, el niño deambuló por el mundo buscando a sus padres muertos por la marca.
- …
- Leerás mentes y esa será la señal de que estas demasiado cerca para contagiarlos, no tendrás hambre o sed de nuevo, por mucho que lo intentes acabar con tu vida no es una opción. Descubrirás porque cuando llegue ese momento. Vive el tiempo que te resta y cuando finalmente lo veas pregúntaselo.
- ¿Ver a quién?
- Al creador.

Tose por última vez, el aire escapa de sus pulmones para no regresar.


Mi última comida fue una bala, que vomité al despertar. Lavo mi rostro en el rio cristalino y veo en la frente la marca roja “UX”.

A esperança tem, a marca de Deux.

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