Tuve una pesadilla


   #Terror #Sobrenatural #Cuento 




 Aquella noche discutimos por enésima ocasión. Entre el calor y el enojo, recuerdo haber preferido dormir en el suelo que ceder, parecía funcionar bien, no quería estar un minuto más en un clima en exceso caluroso. Mi ex decía que era un animal que acostumbraba el frio, lo decía porque era distante con ella, nunca entendió lo mucho que el frio me hacía sentir vivo.  Estúpido, ya sé.
La noche avanzo y con ella la discusión del “nomeacuerdoporquédiscutimos” llego a su fin. En mi última demostración de orgullo no cedi a subir a la cama, ella tuvo que bajar. Algunas palabras bonitas, hacer las paces, besos prolongados, algunas caricias y la inexorable reconcilian con sexo post discusión marital. Veinte o treinta minutos después un chorro caliente concluyo el tema, somnolencia y eventual sueño. Cosa de todas las parejas ¿no?.

 Una respiración tranquila y el ventilador como el soundtrack de mi vida. Tirado en el suelo maldiciendo entre dientes a Morfeo por olvidarme una noche más, me debato entre ver alguna serie en Netflix o seguir como perro dando vueltas en la cama. Por unas horas el señor White y su socio Gustavo me hicieron compañía. Eventualmente la batería cedió. Ciertamente no debí lanzar el cargador del teléfono en mi discusión anterior. Lección aprendida. Regreso a contemplar la habitación sumida en penumbras, las extrañas sombras que se crean en el librero y en el closet mal cerrado. Criaturas agazapadas en las esquinas con ojos lujuriosos y ansiosos de algo oscuro, y yo, el cobarde en turno que los invoca en pensamientos que trata de dejar. Algo alteró a los perros sacándome de lo que seguro ya era un sueño, porqué comenzaba a ver como se movían y salían del closet para caminar hacia mí. Ladridos al pie de la ventana, busco mis gafas a tientas, no es que sea un inútil sin ellas, creo que proporcionan cierta seguridad, mis torpes dedos los tocan, pero en lugar de detenerlas, logran alejarlas. Ahora tendré que levantarme, encender la luz y de paso ver a que le ladran tanto. De mala gana y con dolor de abdomen, logro ponerme de pie.

Algunos pasos en la semi oscuridad en medio de siluetas que no van a estar ahí cuando encienda la luz, quizá eso termine de espantar el poco sueño que tenía. Se hizo la luz.

 Giro para encontrar una criatura encorvada sobre el cuerpo de mi mujer, le está oliendo los pies cuando la luz lo pone en alerta, se vuelve aún más espantado que yo y me dirige una mirada de ojos amarillos como de un lagarto humanoide, pero mucho más pequeño que un niño. Pela los dientes y los muestra intentando ser amenazante, lo ha logrado, no puedo ni moverme, eriza unas plumas que une principio pensé que eran escamas negruzcas. Es como si hubiese incrementado su tamaño al doble, es el miedo. Esto no es de aquí, ni de cualquier otra zona de este planeta, despliega las garras de unas patas pequeñas y los perros ladran más. Mi mujer comienza a moverse, tanto ruido, la luz encendida, si ve esta criatura su grito despertara a los vecinos.
 La criatura da pequeños pasos hacia atrás, a una esquina lejos de la ventana y de la puerta ¿A dónde va? Unos centímetros más y estará fuera de su alcance… Avanzo en su dirección, trato de que se fije nada más en mí. Mueve la cabeza y abre el hocico mostrando una lengua bífida y dientes igual de amarillos que sus ojos “jaaaaaaagjkg” sisea y lanza una de sus garras hacia mi, doy un salto hacia atrás, mi mujer despierta para preguntar ¿Qué pasa?

La criatura aprovecha mi brinco para deslizarse en el pequeño espacio del tocador.

- ¿Qué te pasa?

Me toma unos segundos reaccionar para poder responder.

-Nada… vuelve a dormir, solo tuve una pesadilla.
-Acuéstate.

Dicta y se da la vuelta para volver a dormir. Mañana tendré que lavar el pijama que orine del susto. 






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