Habitación 45




 #Erotismo #Recuentos #Vida 


   H 45 dice el enorme llavero blanco con letras rojas del cual pende la llave que me acaban de entregar en recepción, estoy nervioso, las manos sudan y me es imposible sujetar con firmeza la mano de mi acompañante, tan serena y segura de lo que está a punto de suceder, tampoco es que me obligue, si estas horas hay una víctima será su esposo pero estoy casi seguro que jamás lo sabrá.

 
   Subo casi pegado a sus talones esos 4 pisos que nos separan de un espacio íntimo, algunas parejas bajan, los más jóvenes ocultan su rostro detrás de ademanes exagerados otros prefieren clavar la vista en el suelo y fingir que nadie los ve, hombres y mujeres se avergüenzan por igual; no los entiendo, acaban de pasar un buen momento pero se apenan… al diablo. 
  
  El laberinto de pasillos nos devora, las cortinas mal cerradas en las habitaciones y los sonidos que de ellas proviene, pronto crean una atmósfera turbia y caliente, escucho a algunas profesionales decir sus tan elaboradas frases cargadas de mentiras y exagerado placer, quizás si fuera nuevo en estos menesteres les creería pero ni ellas son las exuberantes mujeres que prometen en sus mini vestidos entallados que poco dejan a la imaginación ni yo soy el santo que predica la palabra del señor en cada oportunidad… Habrá palabras y un nombre será gritado, gemido y venido, pero no el mío, suelen confundirme con algo divino; no puedo culparlas.
 
 Al final de una cantidad que me pareció eterna de puertas cerradas y mal iluminadas se filtra una luz muy blanca casi celestial por una puerta, una brisa fresca también se hace presente habitación 45 hemos llegado.

 
 
 Ella… aún mantenemos contacto, los años han pasado impecables y totalitarios, entre el nosotros que cada semana gemía en el Maga o las escaleras o dónde la oportunidad nos ganara, prevaleció una relación profesional. Me encantaba su rutina que consistía en sacar de su bolso un buen churro con una combinación perfecta entre peyote y mota, mirarlo con anhelo y encenderlo, parte de mí se consumía al mirarla hacer eso. Era rápida para quitarse la ropa; en menos de lo que podía imaginar ya estaba desnuda, fumando, bebiendo y esperando. Solía ganarme posando sus prodigiosos labios sobre mi pene que ni lento ni perezoso le respondía. Jugaba y lamia como si no hubiera mañana ¿Quién diría que esos serian buenos tiempos? Por supuesto nosotros no… 
 

 Después de una devoradora eternidad (literal) sus enormes tetas saltan y forman un arco bastante curioso e hipnótico, más tardé en admirarlos que ella en ocupar su lugar a horcajadas sobre mí, resbala y es rápida, rápido es también el gemido que escapa de su boca, agita la espalda, se sostiene con ambas manos los pezones los pellizca otro poco y esa es la seña de que está teniendo un orgasmo de esos que dice le hacen tanta falta, se rinde y relaja su cuerpo, respira más relajada. 

 Se levanta, cruza el cuarto, al baño seguramente, una ducha y antes de que pueda terminar de tuitear estará de regreso para charlar. De su bolsa mágica extrae unos barrilitos medio tibios, pero son bien recibidas, hablamos de negocios, clientes pésimos y su mal gusto, mis ligues ocasionales, cuentas pendientes y justo cuando se comienza a hacer aburrido y tedioso retoma la activad física anterior… Dos horas después nos despedimos al pie de la avenida y prometemos volver a llamarnos para concertar la cita de cada semana.

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