Drei - Trois


  #Erotismo 


 Caminábamos y tonteábamos un poco por las calles aprovechando cada espacio lejano a miradas reprobables, un roce accidental por aquí otro beso por allá; porqué la lujuria no tiene edad y en este momento somos adolescentes en busca del rincón exacto. Sería culpa del calor o tu vestido corto, quizás el momento perfecto, las estrellas, el destino... ¿Qué sé yo?
  Extendemos la pequeña agonía hasta límites absurdos e irracionales, en cada lugar nuevo subimos más y más la osadía de tocarnos, unos niños nos miran con enfado y curiosidad ¡Arruinamos su juego de pelota! Molesto debería estar yo, su balón me dio de lleno en la cabeza ahora el lodo nos adorna el cabello, tu vestido y gran parte de mi camisa. Lejos de enojarnos reímos, pero lo hacemos realmente por la embestida que evitaron, algunos centímetros más y nada nos hubiese detenido.
  Anochece y el viento sopla, mueve las copas de los árboles; silban una mágica melodía apta para los que escuchen. Los niños se han ido cada uno siguiendo la voz de una mujer distinta, permanecemos juntos mirando la nada. Al fin nosotros sin un mundo de distracciones. 
 Retomo tus labios con los míos en lo que parece un beso inofensivo, bajas tus manos para intentar cubrirte las piernas que el viento se obstina en mostrar, agradezco en silencio.
 Te guió de la mano hasta el porche de una vieja casona no muy lejos de donde estábamos sentados, oscuro y bien escondido. Dudo la manera correcta de seguir, pero tu mano me sujeta con fuerza justo debajo del cinturón mientras con la otra me atraes a tu cuello. Beso, lamo y muerdo un poco, en respuesta aumentas el ritmo de tus ahora dos manos a prensoras. Eso basta para dar rienda suelta a mis dedos que se lanzan kamikazes al borde del vestido para levantarlo e invadir lo que encuentren; carnoso, excitante y suave al tacto. Delicioso.
  Sujeto a tus nalgas y prensado del rubor de tu rostro retiras las manos de mí ya acerada erección para deslizar la bragueta, en ese instante que parece una eternidad, el dedo medio de mi mano derecha recorre de la comisura de las panties hasta y sobre un caliente, poblado y nada tímido monte de venus. Lo quiero bajo mi tacto. 
 Deseando sentir tu calor y humedad envolviéndome, planeando hacer a un lado lo suficiente las panties para dar un roce a ese delicado botón antes de penetrar lentamente y escucharte gemir dulce, dulce, dulce... Una luz se enciende y una puerta se abre. Rápido tratamos de guardar la compostura para enfrentar lo que sea que venga. Una chica como de nuestra edad aparece; es morena y esbelta, ojos cafés, cabello a los hombros, lleva un camisón blancuzco que se transparenta, dibuja unos pezones pequeños y bien formados, es corto lo suficiente como para notar sin ningún esfuerzo que no lleva nada debajo.
 -Se van a congelar, deberían entrar...
 Da media vuelta y camina hacia lo que parece una cocina, cruzamos miradas de complicidad, cierro la puerta detrás de nosotros. 
 Juguetones avanzamos esos pasos hasta la cocina al llegar ella se encamina de nuevo hacia lo que parece una habitación, enciende la luz al entrar y si, una cama se revela junto a la pared y más al fondo otra puerta. Sigo con la mirada sus pasos de los talones a la espalda medía, una mano pequeña se desliza dentro del pantalón dando apretones fuertes como si pidiera atención... Instintivamente mi mano se apodera de un pubis, en un solo movimiento pasa un mojado, caliente y palpitante clítoris para rozarlo ligeramente una vez más. Detenerse. Tortura, maldad o provocarte más...
  Al llegar al pie de la cama de la otra habitación la mujer deja caer de su hombro izquierdo un tirante, segundos después el otro le sigue, revelando un buen espectáculo de nalgas bien formadas y respingonas; voltea para conocer nuestra reacción, sonríe de una manera pícara, hace un ademán para que la alcancemos, vuelve a caminar hacia la otra puerta, prende la luz. Distinguimos una regadera, un chorro aparece y ella se refugia bajo el. 
  Tú por otra parte te alejas y luces abstraída, consumida en demonios o quizás fantasmas. Maldito y fastidioso pasado... Nadie está exento de él, pero puedo tratar de crear un presente tal, que opaque cualquier recuerdo. 
 Lo que pensé era un vestido resultó ser una falda, manipulas con cierta maestría el botón y cierre que no dudan en bajar, pronto la blusa se le une en el piso. Un contrastante coordinado negro enmarca un cuerpo hermoso a la vista y promete ser delicioso al tacto. Tímida y con pasos lentos avanza hacía el chorro de agua, un paso antes termina de despojarse de la poca ropa interior; me en frasco en la danza del pantalón que se rehúsa en salir de mi tobillo.
 Sigo el camino que han dejado trazado, pero no es de adoquín amarillo sino de prendas hermosamente acomodadas. Levanto la vista para saber que tanto me he perdido por mí torpeza, pero el espectáculo he sido yo, ambas sonríen coquetas y divertidas.
 Seguro de mi gran fortuna cierro la puerta.

 El resto es un festín de piel, agua, lujuria y recuerdos que con mucha suerte algún día relate. 

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