Próxima sesión.



#Erotismo 
  Ella ya está ahí, como cada 15 días en miércoles acude puntual a su cita, aun puedo recordar aquella lejana primera vez, era un manojo de nervios disfrazados en aliento a vodka. Hoy se presenta a mí con una blusa transparente, la falda negra que le llega justo a media pierna y ese ni siquiera es el mejor de sus atributos. Conoce el juego, sabe las reglas de memoria, me moleste en que las aprendiera y supiera separar una cosa de otra. A ratos magnifica y cautivadora, coqueta e inocente parece ser la gran mujer pero hay que saber mirar bien, no en vano soy el mejor y ella está ahí, recostada sobre la cama con la falda subiendo lentamente por las piernas, pero más rápido es el rubor que sube a sus mejillas y se apodera de ellas , pupilas dilatadas, respiración ligeramente alterada y ese gesto en el que se muerde un poco el labio inferior, eso debería de bastar para que cualquier otro hombre se lanzara sobre ella e intentara poseerla. Novatos.
  Se siente lista para superar al maestro, quizá sea momento de recordarle su lugar. Regreso su mirada socarrona y le añado un reto “¿Solo eso?” es lista, de eso no me queda duda, tan lista que llegó hasta aquí. Mentalmente repaso mi coartada, trabajo, conferencia hasta tarde y haber dejado el cargador en casa justo a la vista donde sepa que lo olvide. Retorno mi atención a la habitación y la falda ha desaparecido, sus piernas perfectas y bien torneadas me invitan una vez más a probarlas ¿Cuándo se van a cansar de mí? Beso a beso cedo en su juego inicio en las rodillas, subo y bajo sin un destino fijo, pero con un final anunciado. Pequeñas cosquillas recorren el interior de sus piernas lo suficientemente cerca de una zona que la volverá loca. La pregunta no es ¿cuándo? Es más bien ¿Cómo? lo haré. Repaso algunas posiciones, dejo salir al maldito animal que se encarga de esto; arrancará ropa, morderá senos, apretara sus nalgas, lamerá ese clítoris hasta que se venga en repetidas ocasiones y justo cuando su cuerpo orgásmico lleno de pequeñas convulsiones pida un respiro lo tendrá… justo para recordar su lugar y que esto apenas está iniciando.
 Uno de sus grandes defectos es quedarse dormida, llegando al sexto consecutivo arquea la espalda y libera su mente, el resto de su cuerpo cae en una especie de éxtasis soporífero. La primera vez se perdió media hora, si he de confesarlo me espanto, estaba dormida con los ojos abiertos y la mirada fija en un mundo lejano, como en otra galaxia o quizás en otro tiempo. Supe que seguía viva por el lento subir y bajar de su pecho, ocasionalmente movía una mano tratando de alcanzar algo. De lejos la observe, placida e inmóvil, reconozco la paz cuando la veo. La envidié.
 Aprovecho esos minutos para recuperar el aliento, beber un poco de agua, fumar un cigarrillo. Pero sobre todo de darme cuenta que ya no estoy en mis veintes para estar con estos trotes, quizá sea momento de bajarle al cigarro. Un ligero calambre se apodera de mi pantorrilla, definitivamente debo hacer estiramientos antes. Pero si yo estoy molido, por mucho ella estará peor. En el transcurso de los siguientes días me lo dirá, fingiré sorpresa y algunas palabras ingeniosas para volver a esa habitación, así será, sigo buscando mi mejor momento y sé que aún no llega.
  Durante muchos años creí que ese clímax vendría con el amor, que equivocado estaba. Desgraciadamente lo aprendí a punta de malas decisiones, una amiga que paso a ser algo más, la extraña que llego a ser todo, la desconocida en turno jugando al momento correcto en el lugar equivocado y una larga lista de “personajas” algunas más inverosímiles que otras. Me gusta pensar que de ellas aprendí algo, pero eso sería mentir y ensuciar el recuerdo, exaltarlo en algunas ocasiones.
 Increíbles las tonterías que uno puede llegar a pensar en estas circunstancias. En algún momento se giró sobre su costado, contemplo el cabello negro que cae sobre sus hombros y las pecas que tiene en la espalda, bajo un poco más la mirada y están esas nalgas blancas, mañana le van a doler y no solo por la mordida que le marque, mi mano pesada, el momento pasado de calor, que ella las pidiera tampoco ayudó mucho…
 El animal que llevo dentro susurra ideas, montar esas nalguitas de nuevo no parece tan mala idea después de todo, sujetarla fuerte por la cadera, cogerla fuerte del cabello y que grite mi nombre…

 Él gana siempre lo hace, segundos después una erección se frota entre aquellas nalgas, golpetea una y otra y en medio, aprovecho para recostarla boca abajo y penetrarla. Sale de su letargo, sus contracciones me lo dicen, pero yo las tomo como si fueran invitaciones a continuar, marco el ritmo veloz, fuerte, preciso y con esa magia que nunca supe de donde saque me detengo. Su cuerpo responde a la orden que le acabo de dar, venirse.
 Y lo hace deliciosamente, sus gemidos y humedad es lo que mi alma pútrida necesita para seguir existiendo, ella me hace inmortal. Eterno. El peso de esa eternidad se le clava una y otra vez, interrumpido solo por momentos para tomar aire o corregir la postura, sobar y morder es la moneda de esta transacción. Será millonaria en muy poco tiempo. Aúlla y mueve frenética las caderas, el calor que proviene de su sexo envuelve al mío… lo que buscaba un orgasmo que pueda compartir.
Ella gana. Me vierto sobre sus nalgas, cadera, y espalda, cae rendida y yo junto a ella. Las horas están a punto de terminar, el regreso a la realidad está a la vuelta del reloj.



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