De barra en barra


 


 #CharlasAjenas #Bar 

 -…si claro que soy una escritora.
 - ¡Wow! Que padre, seguro escribes muy bien…


  ¿Qué tan difícil puede ser poner una letra tras de otra para formar palabras y luego agruparlas para hacer una oración que tenga sentido? Reí mentalmente por los comentarios tan estúpidos que puedo llegar a tener, de pena ajena. Suerte la mía que no ando por ahí repartiendo mis veinte centavos de perlas de sabiduría barata. Sigo escuchando al falso Romeo tratando de alabar a la veinteañera con exceso de maquillaje y autoestima que juega a ser escritora, cosa que resulta bastante fácil al no juntar más de dos neuronas entre ambos.


 - Pues sí, todos me dicen lo mismo.


  Juega con su pelo y lo enrolla en uno de sus dedos, solo falta que le muerda las puntas y la imagen quedaría perfecta. En cualquier momento le dirá “me gustaría leerte” será la mentira más grande de todas, lo sé porque yo diría algo muy similar, con la cara de ángel y cuerpo de pecado original que posee. Al menos un par de mis demonios quisieran enseñarle una lección en repetidas ocasiones hasta dejar un hermoso y “grotesco glaseado” de esos que todos conocemos pero que solemos fingir que no.


-…has leído a todos esos, ¡increíble!


  Excelente… la fantasía del glaseado ya no me permitió escuchar a sus grandes influencias literarias. Levanto la vista y la barra sigue atascada, el mesero va y viene con cajas de cerveza, no parece haber futuro inmediato en mí ya tortuosa sobriedad. Ha pasado tanto desde el último trago que casi podría describirlo al estilo de algún borracho famoso. Ríen y ella le toca el brazo, la misma historia, diferentes personajes, el mismo final. Otra vez no somos nosotros. Creo que nunca lo fuimos.


 A nuestro recuerdo seguiré bebiendo de barra en barra.



 Finalmente llega esa cerveza bien fría, justo como la moral en turno me ha recomendado, eso de la abstinencia se me ha estado dando bien y de la soledad ni hablar porque lloro.
 Me acodo en un rincón de la barra, miro la pantalla del móvil algunos segundos y la magia no llega, ni tu llamada, la vida transcurre y yo con ella.


 Te fuiste. Que hija de puta, nada más te fuiste.


Entradas más populares de este blog

La sonrisa perdida.

Doce pasos

Cálidas nalgas.