Sin nombre, sin lugar, sin ubicación. (La tristeza)




 Aún puedo recordar la primera vez que encontré este lugar, ningún nombre lo adorna y es complicado llegar hasta aquí, en ese entonces no tenia nada ni siquiera a mi. Camine por horas en una ciudad de nombre Morelia, famosa por su festival de cine y ese calor de hogar que te dan al recibirte. Realmente estaba perdido, en mas aspectos de los que estoy dispuesto a reconocer; pero esa noche fue mi acabose, llevaba días bebiendo y caminando sin un rumbo fijo, pasaban de las 2 am cuando desde el fondo de mi corazón desee una salida, un lugar donde sentarme, tener personas a mi lado con las mismas dudas, quizás hasta sentirte un poco identificado.
  Ahora que lo pienso en este bar no sonaba música alguna, predominaba un murmullo casi palpable empapado en nostalgia. LA vida me rebaso y yo la espere en el acotamiento mientras los veía pasar, felices y llenos de ilusiones, asqueado por todo y satisfecho de nada seguí mi camino a donde fuese que este me llevase.  

 La barra de este rincón apartado de Dios engalana todo el lugar, los fieles adeptos se acomodan en sus asientos y a veces entablan conversaciones entre ellos, algunas más lastimeras que otras, el comentario mas repetido es “Si pudiera regresar en el tiempo” Salvo el sonido del murmullo la sala sigue en silencio, ves a algunos personajes con los ojos llenos de lagrimas pero no los escuchas, la soledad en su máximo apogeo. En compañía pero irremediablemente solos. Lo supe cuando entre, este lugar es atemporal; eso explica la extraña combinación de personajes, desde hombres bien vestidos y con finos relojes hasta algunos indígenas bebiendo en jícaras. Esto es la tristeza un lugar donde entras y permaneces el tiempo que lo soportes. De vez en vez alguien se levanta con una mirada decidida y dejando dolor en cada paso, es fácil adivinar su destino lo que de el queda, minutos, horas, algunos años robados.

 En aquel entonces fue cuando aprendí a beber whisky, todo quemaba y al final te deja un sabor dulce como de muerte en la boca. Tarde más en tener el valor de acercarme a la barra y ocupar un lugar que en lo que se materializo un trago frente a mí.

Sin embargo un algo dentro de mi me advierte que aun no es tiempo, apuro el contenido del vaso y extiendo un billete sin saber el monto o si tengo cambio que esperar. Regresare a este lugar, lo sé pero ahora tengo otras cosas que hacer.


 

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