Carmen y Mario.






 Carmen y Mario han sido mis vecinos de arriba desde hace poco tiempo, recuerdo la primera vez que los conocí hacían su mudanza y yo venia llegando del trabajo, fue raro ver a una pareja hacer todo. No suelo entablar amistades con los vecinos, rehuyo a esas charlas frívolas en las escaleras queriendo aparentar más de lo que son. Ellos llamaron mi atención, la mirada de Mario hablaba de desesperación y coraje. Carmen provocaba una ternura casi inexplicable. Era evidente que jamás podrían subir el refrigerador ellos solos por las escaleras. Poco tarde en regresar sobre mis propios pasos sin la camisa y la corbata que a veces siento que me asfixia pero que exigen utilice, con una soga en la mano y la actitud para ayudar en la otra. Ninguno esperaba este gesto (Tampoco yo)

-Hola

Les dije y acto seguido comencé a amarrar el latoso refrigerador, intercambiaron miradas y entendieron mi plan. Algunos minutos después estaba acomodado en su sitio, su amabilidad fue expresada con una cervezas que ni tardados ni perezosos bebimos.
 Cerca de la media noche ya éramos casi amigos, nos tuteábamos y hacíamos chascarrillos como si nos conociéramos de hace mucho tiempo.
 
 Apenas entraba en mi habitación cuando escuche un ruido en el piso de arriba, instantes después rechinidos de un colchón mullido y gemidos espasmódicos que intentaban ser ahogados entraban por la ventana e irrumpían esa pequeña calma que necesitaba para escribir mi columna del día de mañana. A pesar de todo no lo tome a mal, ni sentí celos por sus actividades, unos auriculares y el un volumen mas alto solucionaron mi problema.
 
 A veces nos encontrábamos por la mañana otras tantas por las noches, personas amables que pocas veces encuentras en la vida.  El oficio de las letras es un tanto difícil, lo sabemos aquellos que nos quebramos la cabeza para formar algunas líneas que intenten expresar una idea de una forma nueva e interesante, si es que eso existe.
 “Bloqueo de escritor” y otras maneras que tenemos de nombrar a esa parte que a veces nos impiden vaciarnos la cabeza y el alma en letras. Esto al menos a mi me hace buscar cosas que rompan un poco con mi rutina, creo que por eso escalo. Cada fin de semana siempre y cuando no tenga algún compromiso tomo mi equipo y me reencuentro en la cima de alguna pared. Por eso cada viernes en lugar de salir de juerga o ir al cine, regreso temprano a casa a chequear el equipo y darle un poco de mantenimiento, para esto utilizo un espacio abierto como las jaulas y los lavaderos donde almaceno las cosas mas grandes como algunas tiendas y cuerdas.

 Mi rutina consiste en poner algo de rock mientras despejo la mente. Mario apareció de la nada con un six pack de XX Lager que sabe es mi cerveza favorita pero no es eso lo que me llama la atención son sus ojos enrojecidos como si hubiera llorado toda la noche. Lo conozco, sé que podría preguntárselo directamente pero hay más de una manera de pelar a un gato o eso decía mi abuelo. 

-¿Qué haces?
-Le doy un poco de mantenimiento a mi equipo.

Guarda silencio y mira el desastre que tengo por todos lados.

-Pensé que eras escritor…

 Antes de que continué le interrumpo, le platico un poco de mi hobby, lo que planeo hacer mañana y él se anima, me ofrece una cerveza y su ayuda, su semblante cambia.

Cada pieza de mi equipo es nueva e interesante, no deja de preguntarme ¿para que es?
Tomo mi tiempo para explicarle el uso que doy a los mosquetones y grillos y como si cometo un error podría no regresar de mis pequeñas escaladas.
 Guarda silencio y atiende, una idea descabella cruza por mi cabeza.

-¿Por que no me acompañan Carmen y tú el día de mañana?
-Suena bien pero Carmen no esta, ha ido a ver a sus padres este fin de semana y pues estoy solo…
-No te preocupes de igual manera puedes venir conmigo.

 Él asiente y creo suponer lo que paso, seguramente pelearon y ella se fue por unos días para…  Acordamos salir temprano y el ofrece su camioneta para movernos en lugar de mi auto, acepto mas para darle gusto que por otra cosa.

 Todo el camino lo pasamos escuchando música de los 80’s una gran época dice él.

 Justo a media escalada me suelta la noticia, pero no esa una separación amorosa como pensé el día anterior, es mucho peor… Carmen tiene leucemia y el tratamiento no le esta haciendo efecto, quiso ir sola a decírselo a sus padre porque nunca aceptaron su relación con Mario, la ama pero ya no sabe como apoyarla. Entiendo sus maneras, sus formas y cada una de las noches que gimieron sus problemas hasta quedar exhaustos y que el bendito sueño llegue a ellos para hacerlos olvidar un poco. Así somos los hombre si no podemos resolver algún problema buscamos que se les olvide a punta de orgasmos. Una gran forma de expresión diría yo poco efectiva pero grandiosa si eres una persona que solo gusta de lo físico.
 
  También me pide que no se lo diga a nadie, es deseo de Carmen que nadie le de una mirada de lastima o que sean amables con ella por lo mismo. Entiendo y acepto.

 Su alma descansa un poco tras esta confesión, sus brazos recobran fuerza o quizás siempre fue su espíritu el que necesito recargarse. Ya estando en la cima me dice algo que jamás espere.


 -¿Es buen momento para decirte que le temo a las alturas?

 Mucho tiempo había pasado desde que alguien me hizo reír de esa manera. De regreso en el suelo se acuesta boca abajo y le dice cosas como “No nos separemos jamás” Sonrío nuevamente y él también.
 Al volver encontramos a Carmen bajando de un taxi y Mario corre con ella como un niño pequeño a contarle su gran aventura. Carmen sonríe y miro el esfuerzo que hay detrás. Valor y coraje.

  Mujeres como Carmen pocas, y pesar de todo logra evadir mis negativas y me hace entrar a comer con ellos una especie de agradecimiento por cuidar a su esposo. Charlamos en la mesa mientras Carmen nos lleva un par de cervezas a lo que Mario le dice que es tiempo de dejar deber, el alcohol destruye los músculos y que es probable que tome enserio esto de escalar. Ella levanta las cejas sorprendida y las regresa a la nevera. Sirve café en su lugar, carne asada y retomo el hilo de mi vida.

  Mario sale de viaje al tercer día de nuestra aventura. Aurora fue su destino, prometió traernos algo cuando vuelva y acordamos llevar a Carmen en la próxima ocasión que salgamos. Ambos sonríen entusiasmados. Llega el viernes y comienzo mi rutina después del trabajo, dar mantenimiento a mi equipo.
 NIN me acompaña en mi labor cuando escucho unos zapatillas por las escaleras, Carmen aparece por ellas, va bien vestida y me pide que le entregue las llaves a Mario cuando regrese, ella trabajará hasta tarde, asiento y sonrió. Regreso a mi departamento para escribir una nota y pegársela a Mario en la puerta para que sepa que tengo las llaves y que pase a buscarlas. Así hace, regresa cansado pero bien, se disculpa con rapidez quiere dormir las horas que no pudo en el avión.  

 Saludos fugaces, compromisos que nos impiden salir y platicar más. Pasó un mes desde ese entonces, hasta que un viernes en mi rutina post trabajo, unos tacones de nuevo irrumpen mis labores, Carmen de nuevo, solo que esta vez luce radiante, dice:

-Te encargo a Mario, tengo que salir pero dile que nos veremos pronto ¿Si?
-Si.

 No tiene sentido, no termino de entender su mensaje cuando da la vuelta y regresa, escucho sus pasos bajando por las escaleras. El móvil me saca de mis dudas, finalmente la chica a la que invite a salir acepta ir al cine esa noche. Esa noche ni fuimos al cine, pero si hubo intenciones de ver una película, en lugar de eso jamás salimos del sofá de Renata, pase la noche  con ella o ella conmigo o ambos con el desconocido en turno.
  Por la mañana le doy un beso en la frente a Renata para despedirme de ella, apenas abre los ojos para mirarme salir pero no hace falta, conoce mi rutina, sabe a donde voy y cuando regresaré, también sabe la etiqueta de desconocidos se perdió anoche entre la ropa, sabanas, sudor y gemidos.  Somos ese “algo más” carente de titulo pero que tenemos ganas de definir.

 Regreso con el tiempo contado a mi departamento un baño rápido con agua fría para terminar de despertar, tomar el equipo y salir. El camino fue plagado de baladas que intentaban explicar lo sucedido con Renata.

 Gardel dice: “Tendido en mi sofá, fumar y amar…” y no puedo evitar recordar.
Ya en la cima, no pienso en Renata sino en Mario, Carmen… y su extraño mensaje que olvide decirle a Mario.

Una prisa se apodera de mí por querer llegar, parte ansias de amor parte pendiente por el mensaje que no pase. En lugar de ir directo a mi departamento pasó de filo un piso más a ver a Mario, disculparme y contarle lo sucedido.
 
 Toco la puerta, mis 4 golpes habituales y espero, repito la acción y nada pasa. Creo que no están, casi las 6 de la tarde, bajo el piso que nos separa, me ducho, llamo a Renata y la invito a cenar comenzando por el postre.

 Una noche más sin volver a casa pero esta sin dormir. El domingo regreso para encontrar personas entrando y saliendo del departamento de Mario y Carmen.

 Mario no esta, se negó a despegarse del ataúd de Carmen. Ella falleció el jueves pasado en el hospital. Dicen las vecinas que Mario nunca volverá y que por eso mando a sus familiares a hacerle la mudanza.


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