Bagre Americano.




 Este articulo saldrá el mes que entra con o sin su entrevista le ruego responda mis llamadas para afinar los detalles; el gobierno niega rotundamente lo sucedido, la compañía se lava las manos y esta es la única persona viva que puede hablarme de lo que fue.

                                                        -Richard Slather-
                                                         The NY Times.


Nicaragua 1984
15 kilómetros de la frontera de Honduras.

 Aun recuerdo la mañana en la que el helicóptero descendió sobre el helipuerto improvisado. Hartos estábamos de permanecer sin correspondencia, son las pequeñas cosas las que trastornan la mente de un soldado, pequeños detalles sin importancia sumados a la incertidumbre de lo que pasa en casa que para muchos es el motivo por el que nos alistamos y hoy estamos aquí. Patriotismo y sed de aventura siendo un tanto cínicos.
 
 De  haber sabido lo que aquella maldita mañana transportaba ese helicóptero mi vida seria otra; una sombra se cernió sobre nosotros  y esta tenia un apodo conocido-temido por todos los batallones… El Bagre Americano. De ojos azules y casi 1.90 mts. de estatura pero no era eso lo que imponía eran los años que parecía tener 60 o 70 años pero una mirada mas detallada decía que no era la edad, eran las batallas y la dureza en las que se había forjado esa leyenda. El sargento que tuve cada que pudo nos contó como un solo hombre siendo único sobreviviente y prisionero logro darle vuelta a la situación y salir airoso, él lo atribuía todo al entrenamiento pero siempre quedo presente que era un “algo más” lo que hacia que un hombre sobreviviera nadie lo comento pero todos lo entendimos.     
 
 La primera noche todo parecía ir en orden, cierta atmósfera de tranquilidad predominaba en las barracas al saber que el bagre estaba entre nosotros, comentarios como”Él solo podría ganar esta guerra” y “Ahora regresaremos todos a casa” sonaban por todos lados. Que equivocados estábamos…
 El inconfundible sonido de una bala irrumpió nuestra tranquila noche, más de uno tomo su rifle y corrió al lugar de donde provenía el sonido; la escena se desarrolla dentro del campamento, la pared de una pequeña choza de madera se pinta de rojo con la sangre de nuestro capitán que se ha pasado a volar los sesos detrás de su escritorio, la foto de una mujer y una niña en la mano y en el suelo una botella de whisky que aun se derramaba. Esa noche no volví a ver al Bagre.

 Un hombre más que no soporta la presión o algo así dirá el informe que manden cuando el helicóptero regrese dentro de una semana. Nadie durmió el resto de la noche, si alguien tan tranquilo y centrado como el capitán pudo hacer algo así te hace pensar que te queda… Unas horas después se corrió la voz de que se necesitaban voluntarios para una patrulla de exploración, siempre fue un rumor constante aquello de que algunos aprovechaban esta oportunidad para mover cocaína al sur y financiar a la compañía. Rumores siempre pensamos, pero tener al bagre tan cerca nos hacia pensar que alguien de arriba creía que no solo eran rumores.  De pronto una sensación nos invade a unos cuantos una duda que nos corroe desde adentro y no deja espacio para nada más. Esto me hace unirme a la patrulla de reconocimiento.

  Los detalles de lo que sucede después los tengo un poco confusos, recuerdo una caminata por varias horas y yo iba detrás cerrando la formación y en silencio perfecto como el resto de los 9 hombres que siguieron al bagre a lo desconocido. Luego un estallido a mis espaldas que me hizo volar por los aires como si de un muñeco se tratará. Alcanzo a ver al resto de la patrulla devolver el fuego y sentir como caigo lentamente y las balas pasan junto a mí sin tocarme. Uno a uno fueron cayendo como moscas por… ¡Nuestro propio ejercito! El dinero proveniente de la cocaína financiando los intereses de los de arriba. Los mejores hombres que conocí murieron no muy lejos de donde estaban todos salvo uno, el bagre seguía de pie sangrando de más de una herida y escupiendo hierro de su arma y con una ligera sonrisa como si lo disfrutara. Lejos de ponerse a cubierto permanecía haciéndoles frente. He pensado mucho en lo que sucedió después y hay cosas que no me termino de explicar, como el motivo que tuvo el bagre para dejar de disparar y hacer uso extendido de su cuchillo, supongo que las balas se le terminarían. Cada paso que daba abatía a un soldado con suma facilidad un par de cortes al cuello, al estomago y una cara como de bagre que ponían al retorcerse al intentar regresar las entrañas a su lugar. Comprendí el apodo de “Bagre Americano” le iba tan a la perfección. Aquel individuo dejo de ser un hombre para convertirse en una maquina bien afinada y adiestrada para una sola cosa.

 Lo siguiente que recuerdo es que alguien me carga sobre su hombro, un helicóptero borroso y el bagre mirándome.   

 -Jamás conocí la identidad del Bagre Americano por eso accedí a darle esta entrevista, porque a pesar de lo sanguinario que pudo ser ese hombre, por él regresé a casa.

-Entiendo. ¿Logra recordar algún otro detalle del bagre?

 Me pregunto el reportero y antes de que pueda responder mis nietos regresan de su partido de base ball y me limito a negar con la cabeza.

-Muchísimas gracias Sr. su testimonio nos será de mucha ayuda.
                                                                                                                   



Sabia que no debía abrir la carta que recibí esta mañana en casa de mis padres pero era raro ver que tuviera el membrete del NY Times y el sobrenombre de Bagre Americano escrito a mano.
 Ahora entiendo un poco más porque mi padre jamás nos quiso contar mucho de porque lo llamaban de esa manera. 





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