Todo va a estar bien.




 “Las asesinas maneras de los hombres” me suenan una y otra vez en la cabeza mientras ella habla, hace su confesión entre sollozos y pequeños gritos que tratan de ser dolorosos, ya no le creo dejé de hacerlo hace tiempo, sin embargo permanece ahí haciendo su mujer esfuerzo vierte algunas lagrimas nada sinceras. Lo terrible de conocer a las personas y saber cuando te siguen mintiendo. Es un asco.

 Continua con su justificación; nada que no haya alegado antes “Soledad” “Trabajo” “Culpas”  “Embriaguez”… Aprieto los puños con tanta fuerza que los nudillos se han tornado blancos. Me inquieta el pensamiento de estrellarlos contra su rostro como si eso fuera a resolver algo o darme una especia de alivio. Iluso.

 Las facciones de mi rostro se endurecen, siento como mis ojos van perdiendo ese brillo que tienen las personas buenas, lo he visto en ellas; yo lo tuve pero de eso hace ya un tiempo, ella se ha encargado de eliminar cada vestigio de lo que había. Y yo no me molesto en que vuelva.... ¿Para que?

 Algunas personas se descubren juntas mediante el amor, la convivencia, en nuestro caso fue la tristeza y el dolor. La garganta se llena de palabras que anhelan ser escupidas con todo el veneno que llevan, ponzoña lista para hacer algo letal. Mil emociones se agolpan detrás de un rostro esperando encontrar una fisura para verterse como un pene sobre un coño palpitante. Le di mi vida, ella me dio por el culo.
 Cierro los ojos y los malos pensamientos se detienen un segundo, levanto la mano con toda la fuerza de la que soy dueño en un ademán que le indica que se calle.

  Me toma un minuto volver a gobernar las ganas de mandarla lejos, muy lejos.
Abro los ojos para encontrar unos ojos que gritan palabras mudas. Pero la mascara es aun mas dura que antes. Sonrió y miento.

 - Todo va a estar bien.


  


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