Quiere más.





   Apenas era medio día  y el calor ya hacia acto de presencia sobre su frente con pequeñas gotas de sudor, producto no tanto del calor sino más bien del esfuerzo que realizo para llegar  puntual a la cita que tenía. Extrañamente era otra la humedad que le llamaba la atención; esa otra que sentía al dar cada paso que la llevo ahí, el magnifico roce de sus jeans y pantis contra su recién depilado pubis.

 Miro su reloj anhelando que los minutos pasaran veloces, requería alivio pero aquel que solo le podía proporcionar un fuerte orgasmo. La espera le resulto eterna, de la nada una mano recorrió parte de su hombro hacia el cuello, provocándole un escalofrió desde la punta de la cabeza hasta su clítoris. Sin darle tiempo a reaccionar, unos labios encuentran los suyos y sus lenguas se entrelazan en un pequeño baile; las manos que hicieron que se volteara ocupan una su cintura y otra detrás de su cabeza ambas tiran con cierta desesperación.

  Momentos después el beso termina con la misma rapidez con la que inicio, ambos se miran con algo mas que lujuria en sus ojos; cariño puede que hasta sea amor. Se enfrascan en un lenguaje mudo, lleno de caricias disimuladas pero atestadas de ganas.
Ella sonríe contenta y con un destello en los ojos envidiable para todos aquellos que no lo tienen.



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   Suben presurosos las escaleras, doblan a la izquierda y al final del pasillo se encuentra su perdición, recorren el pasillo frente a puertas con números rojos. Nerviosos abren la puerta y buscan el interruptor a ciegas encontrándolo segundos después; una habitación triste se revela ante ellos con una alfombra raída y gris pero estos detalles ellos no los perciben. Olvidan el decoro y los años de civilización en ese momento no son más que instinto.

   Ni un pasó mas se disponen a dar con la ropa puesta  y sus manos se mueven presurosas para ayudar al otro a despojarse de toda prenda. Camisetas y tenis son los primeros en caer al suelo. Se toman un momento para admirarse, no es la primera vez que se presentan así, ni será la ultima pero sigue siendo todo un espectáculo el descubrirse semidesnudos, volver a admirar curvas, cicatrices y lunares, regresar la vista y sostenerse la mirada para corroborar “algo”  eso que va mas allá de las palabras y que solo el corazón puede interpretar.

  Recorre su abdomen con uno de sus dedos, incitándole a tocarla, va de su sostén hasta el botón de sus jeans en movimientos lentos y provocadores, él por inercia posa su mano sobre un pene duro, ella descubre una notoria erección y desliza su mano bajos sus pantalones hasta sentir la humedad de su sexo.





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  Se gastan la piel en el roce frenético de sus sexos, movimientos bruscos entre mezclados con ternura. Labios recorren senos para encontrar pezones duros y sensibles a cada movimiento menor, manos que no dudan en estrujar con firmeza nalgas, piernas y cadera.

 El momento de dejarse hacer pasa, ella toma la batuta y dirige un nuevo ritmo en una posición en la que ella ejecuta sus designios, juega con pequeños movimientos de cadera, horas, siglos, ¿Cómo determinar el tiempo que sus cuerpos interpretaron esa magnifica danza?

 Espasmos se mezclan con sudor y miradas cómplices.
El “todo” los inunda y une.






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