Auxilio.





  
Era  una noche tranquila, propia de quienes buscan un momento para charlar y reflexionar sobre cuestiones personales, la vida y cosas así.

 Nunca he podido sobre llevar amistades duraderas con hombres, siempre existe una mujer de por medio y una voz que me recuerda que si dos hombres pelean por una mujer no son ni serán amigos ¿Qué Mujer lo vale?

 Fue raro volvernos a encontrar y decidir de improviso salir con nuestras cosas a caminar y pasar una noche perdidos, lejos de la tecnología y la pseudo vida de las redes sociales, sin embargo lo hicimos. Mochila al hombro y algunas horas después encontramos un claro adecuado para montar un pequeño campamento que consiste en no mas que una fogata.

 
 Conocemos a la perfección la rutina, sabrá Dios cuantas veces la hemos repetido antes, en diferentes condiciones, bajo lluvia, con prisa, con enfermos… Somos como dos campanas resonando a la misma frecuencia. Haciendo Eco.

 En un tris todo esta listo, un árbol medio muerto es derriba para protegernos del viento helado de la noche; no hay alimentos ni siquiera alcohol solo algunos cigarros y ganas de reflexionar en compañía.
 Las horas pasaron una tras de otra, con solo el crepitar de las llamas como sonido de fondo. El viento acaricia las copas de los árboles y canta una melodía que pocos conocen. Los afortunados, los que saben escuchar. Pienso en todas esas personas que se lo pierden y siento pena por ellas.

 Un sonido irrumpe nuestra extraña velada, lejano y poco entendible pero esta ahí. Es claro y bajo lo suficiente como para sacarnos de nuestras cavilaciones y forzar una mirada incomoda entre dos hombres que buscan expiar algunas culpas y encontrar soluciones.

 Tan pronto como apareció este se esfuma, dejándonos expectantes, dudando de si fue real o no. Rápidamente es descartado, olvidado y catalogado dentro de los sonidos del bosque.  Cada cual retoma el hilo de sus pensamientos, no hace falta externarlos los llevamos impresos en el rostro, ávidos de ser leídos.

 El sonido nos repite su presencia, ahora es un claro “Auxilio” que sin duda alguna suena más cercano. Las misma miradas de no hace mucho se cruzan para trazar un plan de acción ¿Personas perdidas? 

 Segundos transcurren en lo que ambos nos retiramos la camiseta que llevamos bajo los abrigos, estas son rasgadas en tiras que intentan ser del mismo tamaño. Antorchas. Fue hace mas de 10 años que las utilizamos por primera vez. Aquella noche el clima empeoro, la neblina cerro el camino y las luces de la camioneta no ayudaron mucho.
 Èl y yo hicimos lo mismo que ahora, rasgamos camisetas e hicimos antorchas para ir delante de la camioneta guiando su paso.

 “Auxilio” es claramente la voz de un niño, perdido seguramente…


 La prisa de antes se convierte en una urgencia tangible, palpable. A pesar de que hemos asistido a rescates, búsquedas, incendios forestales y una serie de eventos producto de la falta de cuidados.
 Enciendo mi lámpara mientras avanzo con la poca luz que esta brinda, el clima no ayuda, nublado y nubes de tormenta, es imposible dar mas de 3 pasos sin tropezar, limito mis movimiento y trato de ubicar el origen del sonido, algo bastante difícil de lograr, ya una par de veces hemos seguido gritos de ayuda de un lugar del que no provienen, cierro los ojos y escucho.
 
 El calor de una antorcha me irrumpe el siguiente grito de “Auxilio” suena bastante cerca. ¿Mi alma? A estas alturas dejan de importar cuestiones como esa, alguien necesita ayuda y parece que somos los mas próximos…

 Señalo hacia una dirección y corremos dejando todo atrás, miedos, dudas. El grito suena mucho mas cerca, atravesamos arbustos sin importar los arañazos recibidos, tratamos de abarcar toda la distancia que nos separa; llegamos a un claro y otro y otro.
 Tardamos unos 20 minutos en descubrir que el sonido en lugar de acercarse a nosotros se esta alejando, llevándonos cada vez mas lejos. Las piernas al igual que los pulmones nos arden. Retengo todo el aire que puedo en los pulmones para gritar un fuerte, claro y sonoro “Aquí”  Que no tiene respuesta. Esperamos en silencio absoluto 5, 10 minutos y nada sucede. 10 minutos más y el silencio es nuestra respuesta.

 Entonces nos enfrentamos a la pregunta: Seguir caminando a ciegas o regresar.

 Si algo nos dejaron bastante claro es que a la hora de un rescate lo primero que debemos hacer es mantener nuestra seguridad. Absortos por lo sucedido emprendemos el camino de regreso.

  Volvemos con un paso lento y haciendo todas las pausas necesarias pero nada escuchamos.

 Caminamos por no se cuanto tiempo, el sol salía sobre la colina cuando por fin encontramos nuestra fogata ya extinta.

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