Shelly.



 


Oigan y ¿Donde está Shelly?

 Todo fue risa y diversión hasta que falto Shelly, una niña pequeña, no sabría decirles su edad  7 quizás  8 años.

 
“Antes que nada bienvenidos a la cosa esta que la verdad no sé cómo se llama, yo regularmente manejo al clan  de mi grupo, por eso el color de mi uniforme, pero por azares del destino y la premura del evento no los pude convocar, la situación es la siguiente: ustedes no tienen Jefe, yo no tengo sección que dirigir, así que trabajemos estos 2 días para no aburrirnos como ostras.”


Termino de dar mi pequeño discurso ante un grupo de chicas de entre 15 y 18 años, se les nota a leguas que prefieren quedarse sentadas con sus ipods escuchando música y hablando de cosas de chicas pero seguro alguien les dijo que me hicieran el favor, no muy convencidas pero lo hacen.

 Les pido que me alcancen en la caverna a escasos 50 metros de donde estamos; el lugar me sorprende, es una formación rocosa impresionante, un pequeño cerro hueco por dentro, entras caminando y justo a la mitad hay un desnivel de unos 10 metros de bajada en un Angulo de unos 75 grados, lo que lo hace caminable y poco más abajo una plataforma lisa antes de una pequeña laguna. Me recuerda Ríos subterráneos como Chontalcuatlan o San Jerónimo pero en una versión más fresa y apta para todo público. Como es de esperarse, los vándalos han hecho de las suyas a pesar de que para lograr entrar debes franquear la puerta con candado que han puesto. Claro que este detalle me llama la atención pero no me detengo a pensar tanto en él. Es un lugar bastante rectangular no muy grande, solo falta caminar  3 metros dentro para abarcarlo con la mirada, aburrido, monótono.  Lo que no les cuento es  “la vibra” que desprende este lugar, seguramente si no hubiera entrado solo ni siquiera habría reparado en ello; el lugar te hace sentir raro, entre tranquilo y expectante pero esas son solo palabras que les darían una idea.
 
  No hace mucho que aprendí a nadar pero lo digo con orgullo porque ahora cada vez que puedo meterme al agua lo hago, con precaución pero lo hago. Así que no dude en bajar y acercarme a esos últimos 2 metros al final de la caverna, el agua se ve oscura, tranquila… las aguas tranquilas son profundas (viene a mi cabeza) vuelvo a considerar mi idea de meterme y solo pues… Ok, no soy tan valiente. Permanezco con una rodilla en el suelo mientras trato de idear alguna actividad, segura y atrayente para chicas, nada viene a mi mente, creo que terminare dejando que me pinten las uñas…
  Creo que esta es la razón de que no lo haya escuchado, la voz inocente de un niño me saca de mis cavilaciones y me espanta un poco, ya que no lo escuche bajar hasta donde yo estaba. Sorprendido giro rápidamente para encontrar a un niño de tez blanca como de 8 años.

-¿Jugamos?

 Me dice con una sonrisa en su pequeña cara, desconcertado por no haberlo escuchado no atino a responderle.

-¡Ándale Toño vamos a meternos!
 Entonces me relajo, conoce mi nombre seguro es hijo de algún jefe.  Platica que él juega aquí con sus papas muy seguido que el agua es un poco profunda pero que no hay corrientes que me puedan arrastrar, me indica las zonas que debo evitar  y me habla de un tubo por donde entra el agua y que abastece este sitio, yo busco el mentado tubo con la mirada pero no lo encuentro. Me mira divertido y me pide que lo acompañe, vamos de regreso a la primera meseta en el extremo derecho hay una pequeña saliente con una caída de 2 metros hasta el agua, muchas rocas en esa zona y justo pegado a la pared de roca las siluetas de unas tijeras dibujadas en color azul marino. La Persona que dibujo eso ahí debió ser un maldito loco, llegar hasta ese punto sin ninguna clase de equipo seria la muerte. Justo debajo de la saliente se crea un hueco, ahí me dice el niño que esta el tubo por donde entra agua pero que la corriente no es fuerte, ni siquiera se escucha como entra el agua y rompe el perfecto silencio que invade el lugar. Me invita a que me acueste boca abajo y acerque la cabeza al filo para ver el tubo pero al final de cuentas no lo hago, no le gusta mucho mi decisión, se enoja un poco, dice que ya no quiero jugar con él.

 Me toman por sorpresa sus palabras, demasiado duras para ser de un niño tan pequeño, muy recriminatorias.
 
-Si no vas a jugar conmigo entonces yo jugare solo.

 Dice en tono de ultimátum, da dos pasos atrás e inicia la carrera hacia la caída, rocas y agua lo esperan debajo. Debe de conocer muy bien este lugar para saber la profundidad y donde caer sin hacerse daño, cruza por delante de mí da un gran salto y entra al agua, salpicando bastante agua, como para que me llegue un poco a mí.

- Ya ves, te dije que era segura me grita desde abajo.

Pienso que tiene razón, sonrió y me desabotono la camisa pero me dejo las botas, pongo el móvil y todo eso que no quiero que se moje sobre una roca. Para cuando termino con esto el niño se encuentra junto a mí de nuevo.

-¿Te vas a aventar conmigo?

 Afirmo con la cabeza y sonríe.

 Caminamos al filo justo para saltar cuando me dice:

-“Te voy a enseñar mi lugar favorito; Aquí es donde me aventó mi papá, me gusta mucho…”

 Como si lo estuvieran cargando, el niño sale despedido, choca de cabeza contra las rocas y cae muerto al agua. Su sangre forma la marca de las tijeras que vi antes. Atónito por lo que acaba de suceder, pasan apenas unos segundos y no me termino de decidir si aventar a tratar de salvarlo aun a sabiendas de que ya está muerto o salir corriendo a pedir ayuda… en eso estoy… a punto de lanzarme, no hay tiempo que perder, la vida se le escapa, pude escuchar mal ¡quizás no está muerto! ¡Hazlo, muévete! Retrocedo un paso para ganar impulso, mientras calculo la trayectoria de mi caída y me digo que mantenga los pies juntos…

 Cuatro segundos  antes de saltar, sale el niño a flote, apresurándome a saltar para jugar con él; entonces lo veo tal y como es: no es un niño común y corriente amenos que todos los niños tengan un tono azul de piel, ojos negros y la cabeza abierta, instintivamente doy un paso atrás con miedo ¿Con que estaba platicando? ¿Qué es lo que quería que hiciera?
 Miro de reojo la marca de las tijeras en la pared y entonces distingo otras más pequeñas en toda ella, el agua ya no se ve oscura, tiene un color rojizo, miro a mi alrededor y encuentro gente sentada en las piedras mirándome desde abajo, no estaban ahí, esas personas no estaban ahí, varios niños y algunas mujeres jóvenes, todos con la piel azul y la cabeza abierta.

  Con más miedo que ganas retrocedo  sin darle la espalda, tomo mis cosas y pego la  carrera lejos de ese maldito sitio. Llegando a la puerta me encuentro al encargado que me mira sorprendido y trata de regañarme, pregunta como logre abrir la puerta e interroga. Al ver mi cara comprende que huyo de algo, pero no necesito decirle de que, él ya lo sabe.

 Shelly, apareció unos minutos después de que comenzaron a buscarla, estaba dormida.

Entradas más populares de este blog

La sonrisa perdida.

Doce pasos

Cálidas nalgas.