“Familia, amigos, médicos y gustos nuevos.”




                                                

 (Capitulo  2 de La Espera )

  
 No pude continuar con ella ahí estática, sollozando.

-Tranquila todo estará bien.

E intento levantarla con sonrisas vacías que intentan ser sinceras, no tengo palabras para ella, no unas que la consuelen pero acepta, cede con lo que yo llamo una falsa esperanza. Me pregunta si recuerdo a mi familia y yo hago un esfuerzo casi sobre humano pero no puedo recordar nada, nada aparte de haber despertado el día de hoy junto a una bella chica que al parecer me quiere pero que no conozco.
  Hace cientos de llamadas, cada una más difícil que la anterior, no sabe cómo explicar lo ocurrido pero vamos me resulta tonto que le pidan respuestas que ella misma está buscando; me pasa a varias personas y estas me hablan en un tono familiar, amistoso, dicen sus nombres, tratan de que las recuerde pero nada cambia, son nuevos, todo lo que me dicen  o no lo creo o lo dudo por completo. Historias acerca de mi, haciendo aquello, anécdotas graciosas que solo hacen que sienta aversión hacia mí mismo, al parecer soy un bufón por lo que dicen uno que ayuda a medio mundo.
 
 Por la tarde sé un poco más de las personas con las que me relaciono que de mí… Al parecer estos son mis amigos “compartidos” en algún punto de mi vida dejé mi ciudad natal para venir con ella, eso me asombra mucho. Tengo más dudas que respuestas en la cabeza y me acompañan a todos lados. Visitamos al médico local y hace extrañas hipótesis que intentan explicar, sin embargo lo único que parece es tener más preguntas que respuestas.

  Esa noche subo a hurtadillas a la azotea, no he tenido un tiempo a solas desde que esto sucedió, comienzo a extrañarme. La luz de algunas estrellas se deja ver, tímida, vacilante, no recuerdo los nombres de todas, pero recuerdo al orión. Dentro de las novedades acerca de mí, sé que no hace mucho deje de fumar; eso explica una pequeña duda. Sin embargo muero de ganas por prender un cigarrillo y darle una larga calada.
 Regreso con paso sigiloso a la habitación de ocupamos; Gabriela ya está dormida, no la culpo, ha sido un día muy largo y estresante, permanezco de pie mirándola, cuestionándome si debo dormir a su lado o no, rebotan los pensamientos dentro de mi mente termino por tratar de darle algo de normalidad, sin quitarme prenda alguna me recuesto junto a ella y la abrazo con cuidado de no despertarla, buenas noches mundo desconocido. Dormir sin soñar.

¡Gustos nuevos!

 El primer día revise el contenido de mi celular, encontré música rarísima en su mayoría de un tal Miles Davis, no suena del todo mal pero me cuesta trabajo creer que esos sean mis gustos.
 Algunos amigos me tratan como si fuera un idiota, estoy cansado de explicarles que no olvide lo que es el mundo ni cómo funciona, sonríen pero me siguen tratando como a un niño pequeño… Salvo por las noches siempre hay alguien conmigo, creo temen que me pierda; sin querer escuche una conversación que tuvo Gabriela por teléfono con su mejor amiga (María creo se llama) Según ella no es que no recuerde nada, seguro solo busco la manera de dejarla y la amnesia inventada es la solución, al parecer no le caigo muy bien a esa amiga. Qué pena porque comenzaba a agradarme, es una chica guapa, no muy inteligente pero sabe explotar lo suyo, me pregunto si alguna vez tuve algo con ella y por eso me odia de esa manera de lo contrario no me explico su aversión.

  Días más tarde visitamos a los suegros, estoy un poco nervioso de conocerlos, tampoco recuerdo si les agrado, me agradan o que.  Al llegar la casa está llena, creo son las cuñadas, nota mental son demasiadas. Me tratan con una cortesía fría disfrazada… Suena a que no les agrado mucho eso de que viva con su pequeña. Pienso en decirles que no sé porque hice lo que hice y que tal vez tenga una duda de si lo volvería a hacer.
 La sobre mesa es el infierno; tampoco estamos casados… mi señora suegra no deja de remarcarlo, soy un tanto transparente se me nota a leguas la molestia que el tema produce, Gabriela pone su mano disimuladamente sobre mi rodilla como si tratase de calmarme. Retomo la compostura y sonrió como un idiota. Paciencia sabia y bendita paciencia, cosa que al parecer no tengo.

 Por fin el martirio termina, ofrezco la mano para despedirme de todos los presentes e iniciamos el camino de vuelta a casa.
 Hay un abismo entre Gabriela y yo, podríamos llenarlo con las montañas más altas y ni siquiera alcanzaría para poner una buena base, creo entenderle, cruzo mi brazo por su diminuta cintura, la atraigo hacia mí, se resiste un poco pero no aflojo el agarre, finalmente cede y se deja querer un poco.  Le beso la frente y siento miedo mucho miedo… De repente la seguridad que tenía se desvanece como diluida, ahora más que nunca deseo que me abrace y no me suelte; el mundo me queda enorme y se vuelve hostil, aterrador.    
 Avanzamos esa última calle muy despacio, como si percibiera lo que siento y me diera el tiempo necesario para dar cada paso. Abre la puerta y subimos las escaleras, tarda algunos segundos en prender la luz, estamos en casa.

-Toma una ducha.

 Anuncia con firmeza y seriedad, espera que le reproche algo puedo verlo en su mirada pero no entiendo que podría decirle. Obedezco, tomo asiento en la cama y saco los zapatos con los pies, me levanto para quitarme el pantalón pero recuerdo que ella está ahí, siento pena y mejor cojo la toalla, ya terminare de desvestirme en el baño.

 La puerta no cierra bien… ¡Qué horror! Cuelgo mis pantalones del picaporte y me resigno. Aun no me acostumbro a mirarme al espejo, abandono esos pensamientos y abro el grifo, algunos segundos después el agua caliente comienza a salir, tarda poco en llenarse todo de vapor, desde pequeño siempre me ha gustado ese calor.
  El agua limpia y se lleva los malos rollos, es fácil cerrar los ojos y perderse por un momento, siento una ráfaga fría de aire irrumpir en la ducha pero me niego a abrir los ojos, el ruido de la cortina irrumpe mis pensamientos volteo para encontrarme con una Gaby parada, sin prenda alguna… Baja la mirada y se sonroja, opto por cerrar la boca antes de que alguna mosca decida entrar.
 Supongo que la he visto antes así, muchas o pocas veces, no lo recuerdo y eso me cabrea, mi primera reacción es huir.

-Ya casi termino y la ducha es tuya.

No me responde en cambio entra conmigo y cierra la cortina detrás;  trato de quitarle la mirada de encima o mínimo disimular un poco mejor pero soy traicionado por una erección que exige ser atendida ¿Que estoy traicionando realmente? Vivimos juntos ¿No? Cosas así hacen las personas que se quieren y viven juntas. Mis manos más rápidas que mis pensamientos pronto están sobre ella en ligeras caricias de sus hombros cargadas de un deseo del que no sabía que era dueño. Dudo unos instantes en proseguir, rio para mis adentros mientras me abalanzo sobre esa tez blanca, senos pequeños, trasero firme, labios mordibles, cierro los ojos para besarla, mis dedos juegan con su vello púbico, ocupo su cuello con mis labios e inicia un viaje que muchos han llevado a cabo… Ni seremos los últimos, ni los primeros pero ¡Demonios que si lo disfrutaremos!  

 

 En un tiempo la continuación...


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