La espera.





 Abrió los ojos y no reconoció el lugar donde estaba, sin duda era una alcoba. Aves cantando fuera de la ventana, un claxon sonando no muy lejos, tacones bajando por las escaleras con ese inconfundible clap, clap, clap; un  edificio de departamentos, tan común en esta ciudad como en muchas otras. Nueve cuarenta y siete  dice un reloj digital justo delante de mis narices, parpadea con una luz rojiza y me lastima un poco los ojos, por eso los aprieto y siento como se me arruga la nariz.

-Levántate o vas a llegar tarde.

 Sentencia una voz femenina en un tono dulce pero firme justo al otro extremo de la habitación, giro para mirarla y encuentro a una chica joven, delgada, de tez blanca de no más de 25 años, lleva un vestido rojo al estilo hippie con mallas negras debajo, pasea apurada de un lado a otro con pasos lentos, puedo ver  su cuerpo a contra luz cada que pasa frente a la ventana, un trasero pequeño pero bien formado, piernas largas y ligeramente torneadas… es bella pero no creo haberla visto antes.
 Gira de improviso para mirarme a los ojos, sonríe y es verdadera su sonrisa, la luz, el gesto, solo faltaría un coro celestial para que le llame “Ángel”. Baja la mirada y termina de acomodarse los aretes, camina directo a la cama; Donde permanezco admirándola, se sabe deseada, y yo me pregunto si fue la erección bajo la sabana o mi rostro el que me delato.  Se despoja de sus sandalias una a la vez, hace una pausa para subirse un poco el vestido y sube a la cama, avanza como toda una leona, segura, orgullosa. Comienza a tirar de la sabana que me cubre e instintivamente la detengo con las manos, advierte mi acción y levanta las cejas en un gesto sorpresivo.

-Vas a hacer que se me arrugue el vestido ¿no te importa?

 Susurra y ladea un poco la cabeza; divertida, juguetona, expectante, atino a mover la cabeza en círculos.
¿Debería de importarme que se le arrugue el vestido?
¿Sera el momento adecuado para decirle que no tengo ni la más remota idea de cómo he llegado aquí?
¿A qué sabe un Ángel?

-Está bien, tú lo has querido así, al parecer este día también llegaremos tarde…

¿Este día, también? No me digas que…  ¡Wow! O_O
 Sigo sin recordarla y busco pistas por todos lados, hay una foto enmarcada junto a la cama, supongo que somos nosotros, parecemos felices, ella sostiene algo como un diploma o similar, una mano en mi rodilla me recuerda hacia dónde debo de centrar mi atención. Se acerca peligrosamente por debajo de la sabana, su cabello largo me hace cosquillas en las piernas conforme va subiendo, no duda en dejar algunos besos en su ascenso. ¿Dejarse querer o no dejarse querer?  Preguntan mis ideas inquietas. Voluntad.  Pero la de dejarse llevar y luego decirle o jugar al caballero.
  Esa mano sobre mis bóxers dice que mejor me retire, no importa lo bien que se sienta aquel roce… dos minutos más, francamente quiero saber hasta dónde puede llegar. Su boca es calidad, tierna, diestra, sería fácil perderse sintiendo pero es momento de hacer lo correcto.

-Espera, no soy quien tú crees.
 
Dos segundos después siento algo de culpa por haberla dejado llegar tan lejos pero a la vez es reconfortante decirle la verdad.

-¿Que quieres decir con eso?

Guardo unos segundos de silencio en lo que pienso algo coherente que decirle, algo que le responda.

-No recuerdo nada, no sé quién eres, no se mi nombre, tampoco reconozco este lugar.

Sabe que hablo en serio lo puede ver en mi rostro, está confundida pero no más que yo.

-Pe… podría… y si…

Balbucea palabras a medias.
 
-¿Me estás jugando una broma? ¡Porque es bastante cruel de tu parte!

Exclama irritada.

-Sea lo que sea, la broma no es de mi parte, también estoy confundido. Pero podríamos continuar con lo que estábamos haciendo, quizás podría recordar…

  Me fulmina con la mirada. Ok eso me salió con mucha facilidad, creo que soy un idiota, un misterio menos que resolver. Tomo la sabana y me envuelvo con ella para poder levantarme. Ella recoge sus piernas y permanece  sobre la cama, no me mira pero la escucho sollozar.

  Devasta verla así, quisiera poder golpearme... no entiendo que haya podido olvidarla, recorro la habitación con la mirada, cajas apiladas, ropa pero ni un puto cigarrillo, ni siquiera incienso o cenicero, parece que no fumo pero como se me antojo uno justo ahora.  Doy unos pasos hacia la ventana para mirar y como es de esperarse no reconozco nada, edificios, autos estacionados y un horrible calor seco.
 
  Inquieto y con bastante ansiedad, cojo unos jeans de la silla, una camiseta negra que dice “Ramones”  que tampoco me dice nada, cojo la billetera, busco algo que me diga mi nombre, algo ¡Lo que sea!  Quiero correr, largarme, desaparecer, respuestas, quiero respuestas. En el andar desesperado estrello el pie izquierdo contra la pata de la cama, estallo en maldiciones e impotencia.  Descargo un golpe contra el suelo frio con ambas manos.
 La necesito, la quiero más que nunca, subo a la cama y la abrazo con fuerza.

 Me espera, dice que me espera, que quizás estoy confundido… Le creo. Esperaremos juntos.

       
     Fin
*




*Del cuadro nació la historia.
 La artista detrás del cuadro es Gaby Hijar Soto. Chihuahua, México. Amiga, descuidada, confidente y divertida.
                                                                                                  (Capitulo 1)

 

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