El culo del mundo.



 El año me es confuso, pero el tipo de uniforme que utilizo me hace darme cuenta que estoy en el frente ruso, reconozco con facilidad esta ciudad es la extinta Stalingrado , lo sé porque ya he estado aquí antes.  Un Camarada me apura a subir a un camión junto a otros soldados, recién subo, arranca el camión, los ánimos de todos están decaídos, nadie dice nada, dejamos detrás una ciudad semi destruida cubierta de ese tono gris nieve. Deprimente.

  Un golpe en el brazo me saca de mi ensoñación, una mano me ofrece un cigarrillo lo cojo sin mirar al dueño, le doy una larga calada y lo regreso, la noche nos envuelve bajo su manto y 2 soldados jalan de debajo de nosotros unas horquillas larguísimas que sirven para evitar los alambres caídos.
  Se muy bien a donde nos dirigimos, no es la primera vez que visito este lugar,  reconozco el paisaje, detrás de aquellos arboles hay un lago donde pescábamos cuando hacia mejor clima y más  atrás hay un pequeño acantilado, inventamos todo tipo de historias respecto a este lugar. Todo esto lo sé porque crecí aquí; es el único orfanato mixto dirigido por los camaradas.  Poco, si no es que nada ha cambiado, aun huele a esa apestosa sopa que sirven en la comida que suele convertirse en gelatina si la dejas enfriar.

  Aun tengo muchas dudas, sé que estoy ahí para dirigir algo pero el por qué se mantiene lejos de mi. Un Soldado me conduce hasta mi habitación justo al final de un pasillo y parece que con cada paso que damos nos acercamos a Siberia, antes de despedirse me recuerda que el desayuno se sirve temprano en el comedor, intenta sonreír pero solo muestra una boca con pocos dientes, signo evidente de mala alimentación.
   Predomina un hastió entre los soldados, estamos destacados aquí porque molestamos a alguien o desobedecimos alguna orden. Basta mirar a alguno a los ojos para darse cuenta que están a punto de estallar, todos cumplimos con nuestras ordenes de la peor manera posible. El gran sueño es desertar y huir a España.  Pero al menos aquí, la deserción se paga con la muerte y cualquier oficial no vacila en recordárnoslo.
 La diversión aquí radica en apostar al número de niños que escaparan en el transcurso de la noche, con un par de cigarrillos entras al juego, hay un grupo especial encargado de buscarlo por la mañana, a veces no lo hacen, solo dicen que lo hacen, cuando llega la primavera encuentras  cuerpos, devorados por los animales.
 
 Asi es la vida en el culo del mundo.

Entradas más populares de este blog

La sonrisa perdida.

Doce pasos

Cálidas nalgas.