100 Morlacos.


 
  La noche pintaba tranquila, eran apenas y las 9 cuando comencé a dar “clicks” por ser lunes tenía el tiempo contado y aun me faltaba investigar varias cosas para terminar de preparar el programa que toda la semana estuve postergando, bajar música, cerciorarse de que el archivo no está dañado, investigar fecha, álbum y datos relacionados, corroborar las fuentes, finalmente editar y resumir.
  Intempestivamente el móvil rompió el silencio de la bella noche, un numero que no conozco… cogí el móvil y medite un par de segundos si responder o no, pocas ganas tenia de lidiar con las personas así que preferí ignorarlo; escasea la paz mental en estos días y la poca que me queda la cuido como mi más grande tesoro, ni un minuto pasa cuando el móvil suena de nuevo un msm hace acto de presencia, curioso lo reviso no dice mucho solo un estéril “Necesito hablar contigo” Contadas personas tienen mi numero , de nuevo vuelve a sonar el mismo número aparece en la pantalla, de muy mala gana respondo mas por curiosidad que por ganas de ayudar al prójimo.

 -¿Qué pasa? 
- Necesito que me ayudes…
-¿Quién eres?
- Ok, veo que ya no reconoces mi voz, mi hermano volvió a tomar y se está peleando con medio mundo.
 
  Pienso para mis adentros en lo poco que puedo hacer ante un sujeto que mide dos metros y sin lugar a dudas es mucho más fuerte que yo, mejor aun ¿Por qué debería de ayudarla cuando me dio la espalda? Nunca he tolerado la traición y no lo hare.
 
-¿Donde están?
-¿Recuerdas la casa de mis tíos en la Balbuena?
- Ok, llego en 20.

  47 mil razones cruzan mi cabeza, pero ya dije que iba y tendré que ir. Me pongo lo primero que tengo a la mano, un pants gris, las botas altas, una  camiseta vieja y una gorra verde para rematar una apariencia desastrosa, salgo a la calle y aprieto el paso, dos calles después salgo a la avenida principal y paro un taxi que me deje exactamente en la puerta de aquella casa color verde.
 Le pido al taxista que espere pero este me mira con desconfianza y alega que ya se tiene que ir, pesadamente desembolso los 50 morlacos que me cobra, tendré que caminar para regresar…

  Hay muchas personas en la  calle, supongo son los invitados de la fiesta, algunas chicas están llorando asustadas, la puerta está abierta y entro como si fuera el dueño, algunos me miran con cara de duda pero no me impiden entrar, dentro las personas discuten, señoras regañan a sus ebrios maridos, todos empujan a todos. Justo en el centro encuentro esa gran silueta, que guerrea como un bárbaro desquiciado, conozco el pleito, tiene cierta razón en los reclamos que lanza pero estos seguidos de sus puños y empujones son devastadores.
  Hace algunos años recibí un puñetazo de él, me aflojo 2 dientes y no me pude levantar en varios minutos. Ahí note por primera vez lo mala copa que las personas pueden llegar a ser pero ahora es distinto la amistad se consumió y me importa un carajo no lastimarlo. Me abro camino entre 4 hombres que intentan hacerle frente y uso la bruta fuerza que gane con los años pasados, quizás si hubiera pedido que me dejaran pasar se habrían hecho a un lado pero no estoy de humor en cambio reciben un empujón  y salen dando tumbos.

 Él levanta la mirada y tarda varios segundos en reconocerme ¿Dialogar? ¡Ni madres! Mi pie se hunde con toda la fuerza de la que soy dueño en su estomago, acto seguido se dobla como un muñeco de trapo, no le doy tiempo para reaccionar, sujeto su cabeza con mis manos y estampo la rodilla en su cara, cae pesadamente, pienso en aquel puñetazo que me debe pero me da un poco de pena golpearlo ya estando fuera de sí. Me inclino sobre él y le tomo la billetera del bolsillo trasero del pantalón, descaradamente la abro y tomo 100 morlacos de ella, le cojo los cigarrillos y el encendedor, salgo caminando con toda la calma del mundo mientras enciendo un cigarro.
 
 Tomé un taxi de regreso a mi casa con una estúpida sonrisa en mi rostro.
Poco antes de la media noche volvió a sonar el móvil del mismo número y no lo respondí

 
           

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