Otra de esas cosas que solo pasan de noche.



 

 
Llevo un par de noches en semi vela, la misma sensación se repite  frio en mi pies, me llama la atención porque no es un frio cualquiera, es del tipo de frio que te produce el caminar una larga distancia en nieve, la humedad cala hasta los huesos y ya de manera inconsciente mueves los dedos de los pies para que no se entuman y adquirir un poco de calor. Evitando así la congelación-gangrena de los mismos. En mi cama con el clima húmedo de la ciudad, no le di importancia me limite a cubrirme. Un pants y calcetas después creí estar listo para reunirme con Morfeo, di mis dos vueltas correspondientes y lo escuche; Un gruñido muy cerca de mi rostro, no es de preocuparse ya antes me he despertado a mí mismo con mis ronquidos…
  Acomode mi almohada y recién cierro los ojos un vaho me baña la cara seguido de otro gruñido, ese ya no puedo ser yo, apenas tiene 2 segundos que cerré los ojos!!
 
 La cama se hunde  a mi costado, no tengo opción, abro los ojos, alcanzo a ver una sombra fundirse entre sombras, el peso sobre mi cama desaparece. Medito un poco al respecto, no puedo dejar de pensar que fue una pesadilla. El sueño me termina venciendo.

  
La siguiente noche antes de dormir acomodo todo de tal manera que al apagar la luz no haya sombra, me abrigo como cuando duermo en la montaña; de pies a cabeza.  Junto mi cuerpo a la pared y es cuando lo escucho, rascan la pared, busco la respuesta lógica, un perro. Mis vecinos no tienen perro.
 Un par de minutos después dejé de escucharlo.


Pasaron meses hasta que recordé todo esto y lo recordé porque anoche lo volví a sentir, no estaba en mi cama, ni siquiera estaba dormido. Recostado con unos amigos dentro de una vieja tienda de lona que fue de la cruz roja y que por cosas del destino termino en mí poder. A veces el frio es solo eso, frio, por eso no le doy mas importancia menos aun estando en el bosque y con las ultimas 4 horas de la noche lloviendo, no es de sorprenderse. Aunque es una “carpa” no tiene piso, hay que ser muy astuto para montarla y después no inundarse. ¿Que hacia en aquel momento? Me sacaba las calcetas altas y las remplazaba por unos tines secos cuando lo escuche, esta tienda no cuenta con cremallera, en su lugar es cerrada por un cordel y para terminar de “cerrar” amontono las 2 hieleras una sobre otra, impidiendo que un perro entre a despacharse, vi como se movieron las hieleras como si alguien las hubiera empujado, estaba cerca y solo hizo falta poner un pie para impedir que cayeran.

 Disimule lo mejor que pude mi sorpresa, instintivamente busque con la mano el machete que siempre tengo cerca, rodeo con mis dedos la empuñadura y esto me tranquiliza un poco, Nada pasa. Entonces noto el silencio de las otras personas. No dicen nada. Rompo el silencio con una guarrada y estallan en carcajadas. Desconozco si lo notaron o no.

  Mas tarde esa misma noche, ya con los ánimos mas relajados, termino de acomodar el desastre que tengo por equipo y me dispongo por fin a dormir, pongo la pequeña almohada bajo mi cabeza, cierro los ojos apenas un instante cuando la tienda comienza a agitarse violentamente, tardo algunos segundos en detectar de donde la están moviendo, es exactamente justo frente a mi, algo intenta entrar a la tienda, por debajo de ella, en 2 segundos estoy de rodillas con el machete en la mano,  con el corazón golpeándome el pecho y sudando nervios. Alcanzo a articular “Dame el otro machete” y estiro la mano derecha, pronto esta ahí, sobre mi mano y recuerdo una tontería que escuche hace tiempo de unos conocidos, “hacer una cruz con los machetes” y funciona, la sacudida se detiene el silencio regresa. Los siguientes 40 minutos permanecemos en silencio, me siento en el centro de la tienda y poco a poco van cayendo dormidos uno a uno.

 ¿Un perro?
Quizás.
  O mas bien otra de esas cosas que solo pasan de noche.
 
 Y como esta, muchas más.

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