El Sr. X




 Esta entrada fue escrita originalmente para Mentesencaos.com el otro espacio para el que escribo.

**Foto del libro pendiente, en cuanto llegue a mi casa la pongo!!

“Cuando hacemos cosas buenas pasan cosas buenas” Me decía el Señor X mientras tanteaba en su bolsa primero por fuera y después por dentro, de nuevo sentí  el impulso de guiarlo pero me contuve; Nunca me ha gustado que me interrumpan mientras hablo y procuro no hacerlo “Quid pro quo”.

-Creo que es este… roto por detrás… olor a viejo…
Lo extiende hacia el sonido de mi voz y casi me lo estampa en la cara.
-Vamos tómalo, es para ti.
Asombrado tomo el libro que me extiende hecho un vistazo a la portada.
-¿Sigues ahí?
-En efecto, solo me quede mirando el libro.
 
 Recién salen las palabras de mi boca  dudo si fue bueno decirlas…
La risa del Sr.X  rompe el silencio y yo no puedo hacer otra cosa más que sentirme apenado.

 - Ya por ultimo, si no es mucho pedir ayúdame a cruzar la calle y déjame junto al buzón a partir de ese lugar conozco el camino.
-No es ninguna molestia.

Estira la mano hacia adelante y la acomodo sobre mi hombro izquierdo, camino con paso lento y lanzando rayos con los ojos a cualquiera automovilista idiota. Extrañamente todos desvían la mirada.
 Deje al Sr. X exactamente donde me lo pidió.
(Ayudar a otros sin pensar en recompensa…)

 Camine más despacio aun para regresar al metro con una sonrisa de oreja a oreja y algo en mi corazón que hacia mucho no sentía.

  “Cuando hacemos cosas buenas pasan cosas buenas”
                                                        **************


 Todo comenzó el miércoles de la semana pasada, tenia cita a medio día en chabacano para recoger un equipo, llegue pasadas las 12 y ya me estaban esperando. La conversación se extendió, se convirtió en un café. Regresando al metro con las especificaciones apuntadas, me despedí y agradecí el café que tan amablemente invitaron.
Baje las escaleras para hacer el cambio de anden,  al subirlas escuche un silbatazo, rápidamente ubico la fuente del sonido, junto a los torniquetes estaba un señor de pie con su bastón y gafas oscuras, a escasos metros de él había un policía del STCM mirándolo con tanta apatía e indiferencia  que daban asco, aquel señor era ciego por “X” motivo pero la gente que pasaba a su alrededor sin hacer nada era: ciega, sorda, indiferente, apática y para rematar inútiles.
 Respire profundo, camine junto al Sr. X, quería ir a un par de estaciones y le acompañe, subimos al vagón y como era de esperarse no había lugar, cosa que no me importo mucho de un lado iba una señora de edad avanzada a la que ni por error pediría se levantara y justo enfrente un tipo con traje que se veía mas joven que yo. Los que me conocen saben que suelo expresarme con las manos al grado tal que puedo ser odioso, quiero pensar que por traer audífonos el joven no me escucho pero la realidad es que me dio la excusa que necesitaba para tronarle los dedos en la cara y rematarlo con otro ademán a 2 dedos para que se levantara; al principio reacciono molesto sin embargo pronto comprendió y rápidamente desapareció en el vagón. El Sr. X pregunto cual era la siguiente estación a lo que casi de inmediato  respondí.
 
 Así es esto… No teman ayudar y no esperen recompensa alguna; la recompensa es haber ayudado en si.

Entradas más populares de este blog

La sonrisa perdida.

Doce pasos

Cálidas nalgas.