Layla



  Dijo tanto con la mirada, encierra pasión reprimida por años dispuesta a explotar a las manos apropiadas  y curiosamente esta tarde son las mías; invita coqueta a arrancarle la ropa sin miramiento alguno, no me negare.
     Pienso en besarla pero en lugar de eso estrujo sus senos con mis manos mientras le comparto una mirada picara y obscena, agiles se deslizan entre los botones de su blusa negra, evitan con maestría el sostén y en un tris encuentran sus pezones.
 Regala un gemido a mis oídos, aprovecho para aprisionarla entre la puerta de su habitación y mi pene, frotando su sexo en cada roce sobre  la ropa, la blusa pronto está en el piso seguida por el sostén  de igual negro que el color de mi alma.
   Mis manos bajan por su costado encuentran el borde de su falda que no tarda en subir hasta su cintura, decía que estaba lista para hacerlo pero jamás imagine que no llevara pantis, la mano derecha llega pronta a su vello; lo recorre hasta sentir humedad, clava los dedos en mis espalda, me aparto lo suficiente para liberar mi pene del pantalón  erguido lo froto en su clítoris, sus vellos hacen deliciosas cosquillas sobre la punta ¡Soy un animal!
 Echa la cadera hacia adelanta exponiendo más su clítoris uso mi mano para guiarlo como si fuera mi lengua, traza pequeños círculos, frota y roza sin detenerse.
 Suena un golpe seco; es su cara que da contra la puerta de madera, sube las manos y las apoya en la misma, expone sus nalgas descubiertas y listas para mí. Aprisiono sus caderas con mis manos y en un solo movimiento  la penetro fuertemente, intenta decir algo pero no se lo permito solo acelero el ritmo. En poco tiempo siento el cosquilleo producido por un fuerte orgasmo y no quiero que termine, intento frenar cambiar el tiempo pero ella no me lo permite, continua castigando mi pene sin misericordia. El control de la situación se ha ido de mis manos. Su calor me invade, me envuelve, pronto su aroma llena mis sentidos al 100%.
  Su respiración más agitada que la mía da paso a gemidos rápidos, su cara bañada en sudor se detiene, deja de hacer gestos y expresa un fuerte y claro “¡Ah!” Se contrae su sexo sobre el mío tan intenso que apenas y puedo dar un paso atrás para derramarme sobre sus espalda.
  Resbala pesadamente sobre la puerta y queda de rodillas, intento avanzar hacia ella pero en su lugar obtengo mareo, termino sentado en el piso intentando recuperar el aliento.
Eso ha sido un orgasmo, no mamadas.      



                                        *****************



  Han pasado algunos días desde que vi a Layla, me siento mal por haberla dejado así en su habitación, apenas y se movió lo suficiente para dejarme salir. Anoche antes de dormir, pensé en lo sucedido, raro y excitante, pero sobre todo complicado; no sé cómo decirle a mi novia lo que hice o si es que se lo debería decir…
  Tampoco es por justificarme pero tenía ganas de hacerlo con Layla desde que la conocí aquella tarde en la cafetería, hasta podría decir que sus ojos me motivaron, vanas justificaciones al fin de cuentas.
 
  Gracias a Dios era viernes y no la volvería a encontrar hasta el lunes siguiente, pase el fin de semana con mi novia tratando de eximir mis culpas, la lleve al cine a ver esa estúpida película de vampiros que tanto me negué a ver y al final no critique la sandez que es, creo que hasta prometí llevarla de nuevo cuando saliera la siguiente.
  El Domingo desde temprano me embarque en un viaje a través de tiendas de ropa, era un poco obvio que no estaba dispuesto a pelear porque me podría desmoronar en verdades y ella ha sido linda conmigo, no se lo merece.

   Llego el lunes y es como si el maldito reloj supiera que no quería verla, avanzaba deprisa y en poco era la hora de comer, busque mil excusas para no salir y solo un “no traigo dinero” salió de mis labios cuando mis compañeros me preguntaron porque no me iba, con la suerte que uno se compadeció y ofreció invitarme a comer, tampoco es que pudiera decirle que no.
 La cafetería como de costumbre estaba a reventar, gente de pie esperando por una mesa intentando presionar con la mirada a los que están sentados.
 Repaso el lugar con la mirada y le encuentro sola sentada en una esquina, sus ojos me envían un mensaje claro “No te acerques” era de esperarse, me relajo un poco, salgo por un par de minutos para fumar un cigarrillo que después apago con cuidado, mal habito.
 Regreso para encontrarla riendo y acariciando la mano de un sujeto, inmediatamente pienso que es su novio, me explico la mirada lanzada hace un instante. El karma me hace una jugarreta, mis compañeros me han guardado un asiento junto a Layla… de mala gana tomo asiento y ordeno lo mismo que todos, no importa que me cague comer pollo, ya lo pedí.

  Hemos trabajado desde hace tiempo juntos, tanto que los temas de conversación se acabaron, mantenemos silencio, accidentalmente escucho la conversación vecina, ella le agradece por haber ido y hablan de la fecha de la boda, lo que me faltaba no es su novio ¡es su prometido!
  Por alguna extraña razón no puedo dejar de pensar en el movimiento de sus caderas y recuerdo con detalle el sabor de sus senos en mi boca o la humedad de su sexo y como me… ¿En realidad soy malo por pensar cosas así mientras que ella derrama miel con su novio?
 Siento como se produce una erección con el recuerdo de sus labios sobre mi cuello, se movían con determinación, mordía mi barbilla mientras preguntaba mi nombre, estrujaba su trasero bajo  su falda, sentía los bordados de sus medias en mis dedos, despacio recorría sus piernas iniciando en sus rodillas, terminando en sus nalgas, rozando accidentalmente su sexo, explorando terreno y a esos roces accidentales respondía imprimiendo fuerza en sus besos,  nuestros dientes se chocaron en el arrebato, levanto mi cuchara y siento la sopa caliente en mi diente sensible.
  Regreso a la realidad, presto mas atención a lo que hago y lo que hago es seguir escuchando, ¡como si deberás me importara!
 Rio un poco para mi, recuerdo lo mucho que disfruto ser el tipo malvado… y sin pensarlo me lanzo. Lo primero que hago es interrumpir la animada conversación pido la sal, de mala gana el chico me la pone en la mesa, frunce el ceño como diciendo “no molestes” y yo solo puedo sonreírle de oreja a oreja y una expresión tonta que mas de una ocasión me ha metido en líos.
  Tomo impulso y en unos instantes estoy de pie junto al chico poniendo la sal delante de él “Gracias” con mi lindo tono burlón, no le permito reaccionar, dejo de mirarlo para ver a su compañera “¿Layla eres tú?”  Me inclino para besarle la mejilla como si la conociera desde hace mucho y hablo mas rápido, le cuento que estoy bien, que no esperaba verla, que "esto" que "aquello", es tiempo de darle el “estoque” de reojo miro a su novio ¡la expresión de celos que deseaba ver!
 “Perdón que grosero soy” exclamo desde el fondo de mis pulmones y le extiendo  la mano rápidamente para no dejarlo reaccionar, su elegante camisa blanca se tiñe en rojo por el agua de Jamaica, con malicia tomo una servilleta del montón que tenia próximo hago el ademán para secarlo pero son pequeños golpes los que recibe en su lugar, acomodo 4 golpes antes de que reaccione, intenta levantarse, nos convertimos en el centro de atención, las noticias de la TV pasan a 2do plano, estampo mi codo en su cara para finalizar “¡Dios mio, perdóname!”  Retrocedo el paso que necesita para levantarse, lo hace; me saca como 20 cms de altura y no puedo mas que sonreír de oreja a oreja... quizás no fue una gran idea después de todo.
 Con algo de temor en la voz escupo “Yo solo venia a saludar, jamás quise pegarte” tiene los puños tan apretados que los nudillos tiene un bonito color blanco mármol, todos lo miran esperando un gran espectáculo, la mano de Layla lo detiene “No hagas una escena”  sisea y le apuñala con los
ojos, le domina, los ojos curiosos se alejan.
 
 
 Regreso a mi lugar, mis compañeros me miran curiosos, ansían preguntar porque lo hice.
 Dejamos el lugar sin otro incidente.

 Basta decir que jamás volví a ver a Layla en la cafetería, incluso yo deje de ir por un tiempo. Tampoco quiero decir que la extrañe o pretenda algo más.
 Es solo que a veces me dejo llevar como un animal.


 


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