Cenit.


 
   Hace unos días recibí  este mail. Después de pensarlo un poco, decidí hacerlo publico; ella tiene el mismo derecho de hablar de mi como lo hice de ella.   

  “Gracias Layla”

  Intento descifrar su mirada, sus ojos refulgentes cual carbones encendidos, no me permiten sondear más allá de lo permitido. Años de férreo control sobre sus emociones; ha sabido dominarlas, y esconderlas de ojos no educados en ese arte.
Expectante, ansío que pose sus labios sobre los míos, demasiado tiempo de imaginarme ese leve roce furtivo o el beso posesivo que bebe implacable todos mis secretos y ansiedades. Pero... no será hoy. Atisbo una frugal duda asomando y siento sus manos deslizarse entre mis senos.
Escapa un gemido ahogado, ¿fui acaso yo quien lo profirió? No puedo pensar, sólo sentir su roce por encima de mis ropas.
 Me pego más a su cuerpo, del que exhala un calor que amenaza con envolverme y arrastrarme.
Bajo una mano lentamente por su pecho, inhalo su aroma, un olor a virilidad y a deseo. El deseo es mutuo, alimentado por la anticipación de este momento.
 Hay fino sudor perlando su frente, su barbilla, una mandíbula dominante, sinónimo de un ser sumamente pasional. Estudio su rostro, bajo mis entrecerrados ojos que por instantes se cierran a las sensaciones que su mano provoca. Continúo mi búsqueda, encuentro el origen de todos mis deseos y pasiones contenidas, anticipo el momento, rozo levemente y encuentro respuestas: ¿Me deseas? Pregunta silenciosa. Sí, Me lo dice tu cuerpo, siento tu palpitar bajo mi mano.
Sus manos recorren a su vez, el mismo camino trazado por mi, en su cuerpo. Sube mi falda y un leve asombro se nota en su mirada, ha descubierto que estoy lista para recibirle.
Sus dedos juguetean, pronto obtiene sus respuestas: seda liquida empieza a escurrir entre sus dedos. Extasiada clavo los dedos en sus hombros. Y espero... no puedo soportar esas oleadas que recorren mi espalda, y que hacen temblar mis piernas.
 Estoy a punto de pedirlo, de suplicarle que me posea, cuando siento la fuerte embestida, espirales de fuego, me invaden, intento decir algo, ningún sonido sale, sensaciones que me agobian y abruman. Solícita complazco nuestros mutuos deseos y me sumerjo en la marea de sensaciones, participo de la danza ancestral, donde sólo por un instante vibramos al unísono. Juntos provocamos una tempestad esa noche, y conozco la sublimación a tu lado.

  Resbalo y quedo arrodillada, esto es más intenso e indescriptible, de lo que pude haber experimentado antes; no podría encontrar la frase adecuada para expresar la sensación compartida. Pero sé que tú también lo sentiste.

 Te siento, más que verte, sentado a escasos centímetros de mí, respirando pesadamente, ¿confundido, tal vez?  Podría estirar una mano e intentar tocarte, pero algo me detiene... Más de lo que esperabas recibiste sin proponértelo.
Cierro los ojos por un breve instante (o al menos eso creí. Es cuando el propio sentido del tiempo se pierde.)
Un sonido casi imperceptible me hace volver a mi realidad, te has ido, ese sonido fueron tus pasos alejándose, no hay despedidas, no hay palabras de cariño u de otro sentimiento, no las esperaba nunca de ti, sabíamos lo que ofrecíamos u obtendríamos, pero aún así...


  

Entradas más populares de este blog

La sonrisa perdida.

Doce pasos

Cálidas nalgas.