Ventana.




  Hay días en los que no puedo concentrarme, mil ideas zumban en la cabeza al mismo tiempo, nada claro, nada especifico, nada que pueda usar. Algo de música suele domar a la bestia que llevo dentro (más bestia que nada) y estos días me hacen sentir viejo, duelen las articulaciones, remarcando a la perfección la soledad.
 Una de esas tardes en la que el mundo abruma, encendí un cigarrillo y me dispuse a observar al mundo desde mi ventana.

  Su novio la visita una vez más, tenía 20 días de no verlos juntos, charlaran un rato, ella lo mirará con encanto, él presuroso la besara y en un instante comenzaran a hacer el amor (que envidia) desde aquí puedo observar perfectamente sus rostros, imagino escuchar lo que se prometen mientras se aman. Hace más de 10 años que una mujer no me mira con esa expresión, no me puedo quejar me lo he ganado.
 La primera vez que los vi, me conmovió la escena, destilaban cariño por todos sus poros, creo haber percibido el aroma aquel del que habla Sabines.
Esta tarde fue diferente, desde hace días ella tiene una mirada perdida, como si estuviese triste y anhelara otras cosas, luego apareció su novio, una sonrisa ilumino su rostro, pero no era la alegría de siempre, era la sonrisa de una persona que sonríe aun a sabiendas de que algo malo pasará. Él chico tenía la misma expresión, la del hombre que intenta seguir con la mujer que ama y hará todo por conservarla un segundo más a su lado.

A joven y tonto, con los años aprenderá que esa mujer no vale la pena (lo sé muy bien, fui ese chico) mira por la ventana y aun estando a escasos metros de él con la cortina abierta, el cigarrillo en la mano y la vista fija, no me percibe, imagino que yo puse la misma cara, puedo imaginar lo que piensa “¿Y si soy más romántico?” “¿Si le pido que se case conmigo?” “Cambiare” “Me amará”
 Ella ya ha tomado su decisión, lo mira resignada, no es capaz de decirle que ya todo termino, él también lo sabe, ninguno se atreve a decirlo, se contienen. Ella no lo quiere herir, él no lo acepta, si lo niega no existe, él ya está herido, desde que fueron novios lo supo, no tuvo el valor de reconocerlo. Ella no lo quiso herir, si supiera que lo hizo desde el momento en que le dijo que sí. El camino al infierno está plagado de buenas intenciones.

  Ambos están sentados en el sofá, tímidamente pone su brazo alrededor de sus hombros, ella descansa su cabeza en su pecho, se separa poco a poco de él, se levanta y entra a su habitación, puedo ver como se quita los jeans, camina a su desordenada cama, toma unos shorts y de inmediato se los pone, hace lo mismo con su camiseta y su sostén, toma una sudadera, camina de regreso al sofá, tímida asoma por el marco de la puerta, no alcanzo a escuchar su conversación, no usan el tono de siempre.
 El chico se pone de pie, la abraza, la besa tan rápido como inicio se detiene, deja caer la sudadera que escasamente le cubría el torso, pequeños senos asoman, es la primera vez que la puedo ver con tanto detalle, incluso distingo los lunares en su espalda. La boca de su joven amante sube y baja por su cuello, ¿en qué momento se deshizo de su ropa? Se dejó los calcetines, este chico es risible…

 Una vez más soy testigo de su "pasión" no lo podría llamar "amor" desde hace mucho me resulta una blasfema decirlo tan a la ligera. Doy la vuelta, no soporto verlos.

 Me duele, siento un vacío entre las costillas, me falta el aliento, con trabajo me recargo en la pared, consigo sentarme en el piso, momento, aun me quedan unos meses antes de cumplir 27 no puedo morir toda vía. Me sorprendo con las tonterías de las que soy capaz de pensar. Meto mi mano en la bolsa de la camisa, saco un cigarrillo. Respiro profundamente.
Pienso en dejarlo… algún día. Ese día no será hoy por suerte.

 Increíble, con semejante espectáculo enfrente y yo divagando, pero me sigue resultando familiar la escena. Ah si, aquí es cuando ella se aparta… ¿me estará leyendo el pensamiento?
Ella aparta la cara, no soporta la mirada de su novio, por lo que he visto en cualquier momento va a llorar, el sentimiento le ganará y le dirá la verdad.
¿Habrá otro, o es que ya no lo quiere?
¿Lo quiso?
 Comienza a llorar, escucho su llanto, creo divisar algunas lágrimas, quizá sean gotas de sudor, pobre chico, no sabe qué hacer, la bomba le exploto en la cara en el peor momento posible, es clara la preocupación en su rostro.
 La pasión se bajó de la cama y los abandono a su triste suerte.


 A pesar de que él es de tez morena se le nota pálido, lo único que puede hacer es observarla, no puede hacer más, no sabe. Se ve mayor que ella, pero por sus acciones es un niño en estos menesteres.
¡Haz algo! Me estoy aburriendo de verlos. Pregúntale "¿qué tiene?" o si ya lo sabes ¡¡actúa no te quedes ahí con tu cara de idiota!!
 Sin querer hable en voz alta, creo que me escucharon, al menos quito la cara de idiota. Ahora sé porque me resulta todo tan familiar, porque sé lo que piensa, lo que siente, conozco el final y hasta como se extrañaran cada noche durante un mes. ¡Y es que no son ellos! fuimos nosotros, somos nosotros.
 No me quite las calcetas porque me sentía con urgencia de fundirme en ella, de mostrarle que la podía amar, quería que mi corazón estuviera en ella, que supiera, que sintiera, que me sintiera, como si mi pene fuera mágico y transmitiera amor. Era muy tonto y a veces aun lo soy.
 También puse la cara de idiota, tampoco supe que hacer al principio. Sabía que era el fin, me negué, no quise ese final, me aferre a mi sombra, no recuerdo muy bien que hice o que dije, pero esa noche no termino, solo se convirtió en el principio de lo que sería el fin. ¿Harán lo mismo estos chicos? Por mi experiencia desearía no, por ambos.


 Ella se limita a cubrirse con la sabana, aquí es cuando le dirá que termina la relación, quiere estar sola, tiene tanto en la cabeza que no sabe cómo ordenar sus ideas. Su corazón será un lio también, las miradas en sus ojos me hacen creer que no es así, pero al fin de cuentas no la conozco lo suficiente.
El chico derrotado se recuesta junto a ella, después de unos minutos ella intenta explicarle, sin embargo, el corazón roto causa una horrible sordera y pendejez absoluta, él la escucha con serenidad, no le interrumpe, no le reclama, solo está ahí, vuelve el silencio. Y como yo hice, él mira la pintura del techo buscando respuestas donde no las hay.
 Han pasado 2 horas desde que comencé a observarles ¡no puede ser! Ya dejé a alguien plantado. Tomo mis zapatos, me siento sobre el escritorio dándole la espalda a la ventana, maldita manía, llegar a casa y quitarme el calzado, alcanzo mi Móvil aviso que llevo un retraso, suenan molestos, tardaré 20 minutos en llegar. Salgo disparado por la puerta aun con aquella pareja ocupando mi mente.

 Dos horas después regreso al departamento, empaco mis cosas en la mochila roja y me alisto para despedirme de esta ciudad.
 A la media noche salgo rumbo a Monterrey, me llevo mis dudas conmigo.





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