Sugeema y Shada.



  Hace escasos días al calor de una fogata entrada la noche tuve la oportunidad de volver a charlar con un amigo que hacia tiempo no veía, así como la vida nos junto desde los 7 años 20 años después nos reunió en las misma condiciones en las que nos conocimos.
 Al principio fue extraño, pasaron 2 años desde la ultima conversación y no fue nada agradable pero en el fondo seguimos siendo los mismo niños que jugaban y escalaban arboles. Mi primer recuerdo de él es llorando, el resto de la manada le hacia enojar y yo no era diferente, algunas veces llegue a unirme a los otros chicos en los cantos burlones…

 ¿Como quieres hacer esto? Le dije mientras hacia movimientos para soltar las manos y las piernas, troné mi cuello en círculo y me saque las cosas de los bolsillos.
¿Acaso tenemos otra forma de hacerlo? Dijo y lanzo una mirada seria, vació sus bolsillos y dio un paso  hacia mí.

 Tiene razón, no tenemos otra forma de solucionar mal entendidos a pesar de todo jamás nos atacamos por la espalda, no importaban las compañías o el lugar; primero un saludo y recordatorio precedido por algo de fuerza bruta. 
 Tiro el primer golpe directo a su quijada ni con la rapidez ni la fuerza necesaria  para hacerle un daño real, esquiva con facilidad ahora es mas rápido que antes y probablemente mas fuerte, lanza su pie dirección mi rostro pero le he visto tantas veces ese movimiento que es fácil cortar su avance, esta en mejor condición física que yo, seria tonto de mi parte hacer enojar a un soldado bien entrenado…  aprendió llaves y golpes certeros en su entrenamiento y yo seguí practicando las artes marciales de toda la vida.
  No se trata de hacernos daño es mas sacar algunos corajes y mal entendidos, algunos platican, nosotros no.
 Me falta el aliento, el humo del cigarrillo que llevo prendado de los labios comienza a arder en mis ojos, como unos gestos ensayados simultáneos bajamos la guardia y nos damos la mano.

¿Que mas da si se acostaba con una novia que tuve?
¿Qué importa si le pague con la misma moneda?

 No importa.

 Con los ánimos  tranquilos alimentamos la fogata y terminamos de limar las asperezas, como siempre victimas de “Dimes y Diretes”
 Reímos un poco de viejas cosas que nos pasaron, recordamos al amigo que nos dejo…
Son contadas las personas a las que les cuento “mis problemas” él encabeza la lista, desde siempre me ha hecho reflexionar y maldecir entre dientes por esa claridad que tanto me jode.

 Al fin de cuentas siempre resolvemos lo que tenemos pendiente, porque la familia no  solo son lazos de sangre, también son las personas que escogemos para estar ahí con nosotros en las malas y en las peores.
 
 Poco antes de despedirnos me compartió el primer recuerdo que tenia de mí.

 “Yo estaba llorando porque se me había zafado la resortera que llevaba para jugar y tú te me acercaste para decir que la podíamos arreglar con un poco de hilo… Desde entonces estuviste ahí como el hermano mayor para apoyarnos, parecías tener siempre las respuestas, en ese aspecto no has cambiado, sé muy bien lo duro que te ha tratado la vida y te aseguro que sigues ayudando a cada oportunidad”

 Sus palabras me dejaron perplejo, aprovecho para bajar del auto y decirme Feliz Hanukka, el semáforo cambio a verde y regrese por la carretera.

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