Merlina Paraíso





  Las líneas están sobre el cristal de la mesa, inocentes, pálidas, bellas. "Inhala" me dice Merlina, con su voz ronca que me provoca erecciones cuando la escucho por teléfono.  

 Tomo el billete enrollado y aspiro la dulce nieve. Merlina se inclina sobre la mesa, pone el billete en una de sus fosas nasales y mientras me mira con sus hermosos ojos verdes inhala con fuerza. Se recuesta lánguidamente, con expresión de placer sobre el sillón y se limpia los residuos que han quedado en su nariz con sus largos y delicados dedos.

 Agita maravillosamente el cabello negrísimo y la habitación se llena de penumbra; puedo lamer su perfume que flota en el aire, antes de tocar su pecho con mi lengua. La piel blanca deslumbra en medio de la oscuridad, su cuerpo tiene una textura increíble: humanaplásticacelestial, una amalgama que define el significado de sensualidad; siento su sangre hervir irrigando, incendiando su organismo... de pronto se aparta, va hacia el estéreo dándole sentido a mi existencia al menear sus caderas y aumenta el volumen: Paul Oakenfold lanza sus frenéticos hechizos con mayor potencia desde las bocinas del Sony. La miro bailar con los ojos cerrados, agitando las manos en el aire... sus tetas son hermosas. Recuerdo un proverbio árabe: "hermosas huríes, de grandes ojos negros, serán la recompensa a tus desdichas".

  Con gesto de niña traviesa, Merlina enciende el televisor y de un salto se monta a horcajadas sobre mí, reímos y su aliento glorioso acaricia mis labios. En el departamento vecino un hombre le grita frases injuriosas a su esposa: "puta de mierda, ¡con mi amigo!... ese güey era casi mi hermano hija de la chingada", la mujer solloza convulsivamente antes de que un sonido seco, el de un puñetazo rompiendo una nariz, restaure el silencio.

 Abajo, en el estacionamiento, cuatro niños chorreando sudor mortifican a una pequeña obesa que trata de huir inútilmente. "Zelda es una puerca, Cerda es una puerca, Cerda está bien puerca, Cerdapuercamarranaaaaa, Cerdapuercamarranaaaaa" le gritan y Zelda corre torpemente con los ojos brillantes y húmedos. En la tele, por milésima ocasión, repiten la imagen de dos aviones estrellándose contra monumentales edificios símbolo de una nación enferma de soberbia, avaricia y estupidez... el mundo se cae a pedazos y yo asciendo al paraíso mientras recorro con mi boca el cuerpo exquisito de Merlina quien se estremece de placer a cada embate de mi lengua y se acomoda con maestría sobre mi verga.

  Su magnífica desnudez, el enloquecedor vaivén de su cadera, la boca abierta, la expresión de placer casi mística de su rostro, me transportan a mundos fantásticos, lejos de la burda trivialidad de este planeta, de esta raza de estúpidos que se empeñan en exterminarse con sus armas hi-tech... no soy un hombre devoto de ningún credo, las religiones me tienen sin cuidado, sé que moriré sin remedio pero hoy me encuentro en este paraíso de piel y pasión y no pienso salir por ningún motivo... por lo menos hasta mañana... 

 Aclaro, este texto no es mio, es de un tipo que se hace llamar Carlos, No se más de él...

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