Cristina




  No era especialmente divertida pero tenía cierta gracia y hacía muecas chistosas.
Bebimos vino y cerveza.
Y masticamos trocitos de queso
Despues de unas cuantas horas nos fuimos a la cama.
Era muy puta. Tenia unas tetas enormes y un coño goloso y bien entrenado.
Hicimos bastantes marranadas pero yo no estaba de muy buen humor que digamos.
Despues de 4 orgasmos mi verga no quería saber más nada. Pero ella seguía dándole lengua y tironéandola.
Aquello comenzaba a ser fastidioso. Así que la ataqué metiéndole tres dedos en la vagina mientras los dos sobrantes le acariciaban enérgicos el clítoris. Se vino dos, tres veces más, entre grititos y espasmos.
 
 Pensé que por fin me dejaría tranquilo pero la estúpida me pidió en tono imperativo, como si le estuviera pidiendo a uno de sus alumnos resolver una ecuación, que la abrazara.
"Será mejor que te vayas", le dije.
"¿Ahora mismo?" me preguntó juguetona e incrédula.
Y somnolienta.
"Sí, justo ahora".
Me levanté, cogí el teléfono y pedí un taxi. En 10 minutos estábamos afuera espérandolo.
 
 Era una mañana gris, tristona.
Alguien había tenido la ocurrencia de apilar bolsas de basura en la calle y una rata gorda como conejo se disputaba los desperdicios con una pareja de perros famélicos.
Cuando el auto se alejaba, agitó su mano en señal de despedida.
Regresé a la cama, me metí de nuevo bajo las sabanas y respiré tranquilo.
No quiero una esposa. No quiero hijos. Ni siquiera una mascota.
Para otra ocasión recuérdenme contratar a una puta. En el periódico hay una que me llama la atención. "Hermosa hija de familia. Pompudita. 18 años. Iniciándome." dice el anuncio. No hace falta checar el teléfono. Me lo he aprendido de memoria. 


 Tambien de Carlos***

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